Un monstruo que devora tu energía

Llevo un par de semanas sin escribir nada porque he estado trabajando. Un trabajo “alimenticio” que todxs tenemos que hacer cada poco o mucho tiempo. Personalmente, siempre he llevado muy mal lo de dedicar mi energía a cosas que no me gustan y ahora, con la excusa de buscar un tema para el blog, me puse a reflexionar sobre el por qué.

Una de las primeras ideas que apunté es que me quedo sin energía. Aunque no sean muchas horas, después no soy capaz de encontrar ni una migita de energía para lo verdaderamente importante. ¿No te pasa? Me enfado mucho – conmigo por esta incapacidad (¿Cómo lo hace el resto del mundo?); con el sistema; con el universo entero – y también me siento muy desgraciada con cada día que pasa sin dedicarme a lo mío. Es un círculo vicioso que funciona como una espiral descendente hacia los pozos más oscuros de la autocompasión.

Drama aparte, a pesar de no ser capaz de escribir, seguí pensando: ¿Pero porqué me quedo tan agotada? ¿Cuáles son las condiciones que propician este estado tan lamentable? ¿De verdad es sólo cansancio? Comencé a observar mi estado interior durante las interminables horas que tenía que pasar en el trabajo: mi mente estaba distraída, vagando de una cosa a otra sin poder hilar un pensamiento profundo y sentía un enorme rechazo a lo que hacía: no quería estar allí por nada del mundo. Una tristeza sin amor, en palabras de Niccolo Tommaseo. Dentro de mí había un monstruo enorme devorando mi alegría y mi energía.

Ese monstruo tiene nombre

Se llama tedio y es uno de los grandes. La RAE lo define como “Aburrimiento extremo o estado de ánimo del que soporta algo o a alguien que no le interesa”. Seguro que sabes de lo que hablo… y si no, solo recuerda las horas de la escuela, un tiempo que se convierte en tortura. Cuando observas cómo actúan los niños y las niñas cuando están muy aburridos, pero se les obliga a estar quietos, puedes ver un reflejo de tu cerebro de persona adulta: se revuelven en sus asientos, patean el aire, ponen las caras de pena y hastío más ridículas, resoplan, se quejan, lloran… en definitiva son la encarnación de un montón de preciosa energía que no puede fluir y no sabe qué hacer consigo misma.

Es curioso ver cómo, al hacernos mayores, seguimos con la lección aprendida en la infancia; una lección que tenemos grabada a fuego: el tedio, el hastío y el aburrimiento son partes integrantes y normales de la vida diaria. Y te tienes que aguantar, porque es obligatorio quedarte hasta la hora oficial de la salida. Ya hay muchas voces que alertan de la insensatez e improductividad de esta forma de gestionar la escuela/el trabajo, pero el cambio es muuuuuuy lento.

De todas maneras, lo que me interesa que consideres respecto al tedio es lo siguiente:

  • El tedio devora tu energía. Si vas a aceptar un empleo que sabes que te va a aburrir desde el minuto uno, no te engañes pensando en que serán pocas horas y luego tendrás el resto del día para tí. Si eres una persona intolerante al aburrimiento extremo (como yo), cuenta con que eso te va a salir muy caro.
  • El estado mental provocado por el tedio se prolonga hasta horas después de terminarse la situación aburrida. Esta es la verdadera razón por la que muchas veces no somos capaces de ponernos a crear ni a pensar con claridad tiempo después de salir del trabajo. Tienes que buscar algún truco que revitalice y vuelva a centrar tu flujo mental: vuelve a casa en bici, párate durante unos minutos y trata de escribir sobre el día que has pasado (desahógate), concéntrate en el momento en que te pondrás a hacer aquello que tanto te gusta, piensa en las diez cosas que tienes que agradecer, etc.
  • El tedio no es un precio que tienes que pagar por estar viv@, hay muchas cosas que puedes hacer: cambiar de trabajo, buscar nuevas tareas dentro del trabajo actual, crear tu porpia empresa… El tedio no es más que un recordatorio enorme de que estás empleando tu energía y tu tiempo a algo que está muy por debajo de tus posibilidades.

Y sobre todo, recuerda que el tedio es una especie de anti-flujo, un estado del que nada nace. No malgastes tus semillas en un terreno infértil e inhóspito.

Y tú, ¿qué opinas?

¡Hasta pronto!

Mi cabeza siempre está llena de ideas y mi camino es seguir a mi corazón. He pintado desde que soy pequeña, aunque pasé muchos años dedicándome a otras cosas. Retomar la creación artística ha sido como volver a casa; una casa a la que te invito. Además del arte, me apasiona la creatividad como objeto de observación, y he dedicado mucho tiempo a entender los ciclos creativos, así como los bloqueos y las creencias que nos limitan. Ahora comparto mis ideas en los talleres que imparto. La coherencia es otra de las cosas que tengo siempre presente. La coherencia entendida como el valor de vivir acorde con mis propios valores, de tener una voz particular, de permitirme en vez de obligarme. Además de aplicarme el cuento y contar mi experiencia en mi blog, ayudo a otras personas a encontrar un camino coherente con ellas mismas en sus empresas y en su día a día.

1 Comment

  • Me siento muy identificada con tus palabras, creo que esta sensación se acentúa en personas que caben dentro de la definición de ‘multipotenciales’ porque siempre quieres hacer cosas nuevas, y realizar la misma tarea, estar en el mismo lugar por mucho tiempo, se vuelve una tortura, algunas personas son felices así, les da seguridad conocer bien lo que hacen, su lugar y sacarlos de ese sitio les genera ansiedad, a veces me da envidia. Pero estoy enfocada en que esto no será así siempre, y en el futuro no tenga que trabajar más.

    Macarena 02.02.2017

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