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La importancia de guardar la memoria de tus proyectos

Muchas veces, cuando miro hacia atrás, se me queda un sabor amargo en la boca: sí, hice un montón de cosas interesantes, sin embargo… nada queda de ellas. Pocas, o ninguna, pruebas de mi paso por tal o cual experiencia o aprendizaje. Y no me refiero a proyectos que, supuestamente, no he terminado, sino a empresas que en su momento fueron muy tangibles, pero no quedaron registrados.

Todos hemos oído hablar millones de veces sobre la importancia de crear un portafolio de nuestro trabajo y todas somos ya expertas en hacer tres o cuatro curriculums cuando tenemos que buscar empleo. Sin embargo, no sólo me refiero a poder demostrar que sabes hacer algo (sin quitarle peso), sino a saber rentabilizar. Sí, esa palabra mágico-repelente.

Rentabilizar en el sentido de sacarle provecho, cualquier tipo de beneficio, una vez que ese tema deje de interesarte.

Rentabilizar en el sentido de crear un cuerpo de trabajo que te inspire orgullo.

Rastro de migas

Sé que da pereza, y hasta vergüenza, ponerte con este tema porque consideras que no eres unx expertx en la materia. Todas las personas, tanto las especialistas como las multipotenciales, sentimos cierto reparo a la hora de mostrar o documentar nuestro trabajo. Nos decimos que antes tenemos que aprender, mejorar, hacer más proyectos, etc.

Y esto es un error enorme, sobre todo para las multipotenciales.

¿Porqué? Pues por la razón más obvia del mundo: sabemos que, más bien pronto, este interés dejará de apasionarnos y pasaremos a otra cosa mariposa. Por mucho que intentemos convencernos de que esta vez sí que sí lo hemos encontrado. Y no hay nada peor para nosotrxs que seguir en algo que sentimos concluido.

Admite que tus intereses tienen fecha de caducidad y diseña una segunda vida para ellos.

De manera que aquí tenemos un problema: por un lado, nos apasionamos con algo, buceamos, aprendemos más o menos en profundidad, investigamos, realizamos proyectos… pero, por el otro, una vez que perdemos el interés, nos quedamos con las manos vacías.

Puedo oír las objeciones: “Sí, pero no me convertí en experta”. Bueno, ¿y qué? Seguro que sabes mucho más del tema que una persona media. Deja el mundo de expertos para ellos, pero no borres tu rastro de migas que muestra los puertos en los que has estado.

Recuerda, puede que en un futuro necesites esto que ahora te apasiona y que dentro de poco caerá en el olvido.

¿Y qué hacemos?

En primer lugar, te propongo, no, te ruego, que te hagas con un archivo de tus proyectos pasados y presentes AHORA MISMO. Una web, una carpeta en el escritorio, fotos de tus dibujos… lo que sea que hagas, documéntalo.

Te lo repito muy en serio: archiva todo lo que hagas.

En segundo lugar, idea estrategias que amplíen la vida de tus proyectos y su rentabilidad. Si impartes un taller, puedes grabarlo en vídeo y ofrecerlo como vídeo-curso después. Si haces tartas artesanales, crea un blog con fotos y recetas. Y esto se puede extrapolar hasta creación de sistemas empresariales complejos, en los que no voy a entrar aquí.

Para terminar, lo importante es que admitas que tus intereses son caducos y prepares de antemano una “segunda vida” para ellos. Que tú hayas apostado por una nueva pasión no significa que el mundo debería perderse lo que ya has hecho.

Aprovecho para contarte que este será uno de los temas principales en el curso online “Usted está aquí. Curso online para situarse como recién descubierta persona multipotencial” que comenzará el día 1 de marzo de 2017. Puedes ver más información aquí.

Me despido para que puedas aprovechar el impulso y empezar a documentar tu rastro de migas. Quizás ya tienes una estrategia para ello, ¡me encantaría que la compartieras!

Un abrazo.

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¿Qué cuento chino te estás contando?

“Yo es que soy muy indisciplinada.”

“Me falta constancia.”

“Si supiera cuál es mi vocación, podría dedicarle todo mi tiempo.”

“Soy aprendiz de todo, maestro de nada.”

“Nunca termino lo que empiezo.”

Soy de las personas que creen que la forma en la que hablamos de nosotras mismas (incluso en el interior de nuestras cabezas), define la manera en la que nos percibimos y limita, o expande, nuestras posibilidades. Hay numerosos estudios sobre el efecto de la palabra en nuestro bienestar emocional, nuestra productividad y, como no, nuestra felicidad: desde el famoso experimento del arroz hasta estudios avanzados de neurociencia, pasando por religiones como el budismo o chamanes como Don Juan de Carlos Castaneda. Todos confirman: eres quién te cuentas que eres.

En esta sociedad, obsesionada con la autosuperación, es raro conocer a alguien que no se defina en base a sus carencias y defectos. Siempre prestamos más atención a lo que nos sobra o falta, lo que no se nos da bien. Durante la mayor parte de mi vida yo era inconstante, una veleta, indecisa, indisciplinada. Un amigo mío, que recién está descubriendo su Alta Sensibilidad, siempre se describió como una persona “desconectada de sus emociones”, un androide… (para que veas lo lejos que a veces andamos de nuestra verdad).

¿Qué de malo hay en ello?

La mayoría de nosotrxs, cuando descubrimos la existencia de la multipotencialidad, o la Alta Sensibilidad, o las Altas Capacidades, o lo que sea, ya llevamos años juzgándonos, encajonándonos en pequeñas cajitas en las que no cabemos, machacándonos y castigándonos. Con la ayuda de los comentarios de nuestros familiares o sin ella, cada unx tiene su cantinela preferida, su frase de desautorización automática que se repite al oído una y otra vez.

“No sirvo para nada.”

“Soy demasiado idealista.”

“Yo es que soy un desastre con el dinero.”

Lo peor de todo es que nos han hecho creer que, fijándonos en nuestros “defectos”, estamos a medio camino de eliminarlos. Nada más lejos de la realidad – cuando nos definimos con estas etiquetas negativas, nos castigamos una y otra vez por algún error pasado, le damos poder a nuestros miedos y evitamos liberarnos de las creencias irracionales más nocivas que son la base de nuestros bloqueos creativos.

¿Hay algún lado positivo? Bueno, es posible que algunas de las cosas que te dices sobre ti mismx te estén sirviendo de protección ante una realidad que no puedes asumir ahora mismo. Sin embargo, si eres capaz de dudar sobre algún “cuento chino”, es que ya no te sirve. Suéltalo.

¿Qué cuento te estás contando a ti mismx?

Supongo que no fue tan difícil convencerte de lo nocivas que son las palabras despectivas que nos aplicamos. Ahora bien, ¿cómo identificar lo que nos decimos?

Un método muy útil es fijarse en qué parte de nosotros es objeto de nuestras burlas. Todas las personas tenemos un par de rasgos propios sobre los que bromeamos. Y, atención, porque, aunque pudiera parecer que, si somos capaces de reírnos es que lo tenemos superado, en realidad estos rasgos suelen ser los más puñeteros. Nos reímos de ellos porque ya no sabemos qué más hacer. Y eso no es haberlos superado.

Otra forma fantástica de descubrir nuestros cuentos chinos son las páginas matutinas. Es un ejercicio que descubrí en libro “El camino del artista” de Julia Cameron y llevo haciendo desde hace meses. Consiste en escribir tres páginas cada mañana, nada más levantarte, plasmando en ellas cualquier cosa que está en nuestra mente. Si no sabes qué escribir, pon “No sé qué escribir”. No puede subrayar lo importante que es este ejercicio, tendrás que probarlo.

Por último, te sugiero que eduques tu mente para que sustituya las frases negativas por otras más positivas o, al menos, neutras. Pruébalo como ejercicio durante un par de semanas y verás una diferencia enorme en las cosas que te permites soñar, realizar y alcanzar. No has hecho nada malo y no te mereces este desprecio por ti mismx. Abraza tu derecho a ser tal y cómo eres.

Dedícate unas palabras bonitas, porque, al fin y al cabo, no fue nada fácil llegar hasta aquí, ¿verdad?

¡Un abrazo!

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¿Crees que tienes que decidir tu camino?

Hace seis meses decidí dejar de buscar mi vocación de manera activa. En vez de eso, hice un trato con el universo…

Como la mayoría de las personas multipotenciales, durante casi toda mi vida creía que me faltaba algo, que había alguna cosa, algún engranaje que no parecía funcionar bien en mí. Por supuesto, estoy hablando de la vocación, de la profesión, del “sentar la cabeza” y todos estos dolores de cabeza.

Antes de saber que existía algo llamado multipotencialidad y que no estaba sola, me auto diagnostiqué de infinitos males: falta de autoestima, incapacidad de mantener el interés, falta de disciplina, idealismo exacerbado, miedo al compromiso… captáis la idea, ¿verdad? Y bien, se podría decir que adolezco un poco de todas estas cosas, pero ninguna explicaba realmente qué era lo que iba mal. No parecían solucionar nada.

Lo que ocurría era que yo estaba registrando los “síntomas” de una multipotencialidad mal gestionada, pero no lograba dar con el quid de la cuestión. En otros artículos ya he contado el cambio que supuso para mí el encontrar las palabras adecuadas para describirme (y explicarme). Hoy quiero compartir otro aspecto interesante (no lo he contado hasta ahora porque quería ver si era efectivo…¡y lo es!).

Yo me lo guiso…

Uno de los efectos secundarios de la increíble cantidad de falsos diagnósticos que nos auto aplicamos como multipotenciales sin identificar, es la firme creencia de que somos responsables de nuestra incapacidad de hallar un camino único. Al no conocer lo que realmente nos hace sufrir (vivimos en un mundo de especialistas, recordáis?) y tener la permanente sensación de estar defraudando a nuestros allegados, de un modo consciente o no nos obligamos a dar una solución a “nuestro problema”.

Como si se tratara de una sentencia, enfocamos nuestras energías en encontrar la maldita vocación de una vez por todas. Como sea. Cueste lo que cueste. Por activa y por pasiva. Eso de ir probando cosas y dejar que la(s) pasión(es) te arrastren a su manera está muy bien para los demás; nosotrxs no tenemos más tiempo para ello.

Como adivináis, no es el mejor modus operandi porque convierte un (aparente) problema en una obsesión 24/7. Cualquier actividad o interés nuevos son de inmediato escaneados para ver si cumplen los requisitos necesarios para ser “eso”. Por supuesto, ni se acercan (recordad: los multipotenciales están hechos para tener muchas pasiones), por lo que dedicarles más tiempo parece un desperdicio de energía y los abandonamos. De esta manera nos matamos de hambre en una tienda de chucherías (Barbara Sher dixit): nos gustaría probarlas todas, pero nos obligamos a elegir solo una (imposible).

Entrega completa

Bueno, después de tantos años de castigarme por no ser capaz de encontrar mi camino (duele hasta escribirlo), hace unos meses me aburrí tanto de ello que decidí que cualquier cosa era más interesante que seguir con esta cantinela. Además, también estaba cansada de sentir que no estaba empleando mis talentos al cien por cien y todas esas cosas.

De manera que me rendí por completo. Una noche, mirando el infinito cielo estrellado de Galicia, hice un trato con el Universo. Le entregué todos mis dones. Tal cual. Le dije:

Entrego todos mis dones a la humanidad. Pedidme lo que necesitéis.

Por mi parte, prometí no entorpecer la marcha de las cosas y estar abierta a todos los caminos.

Por supuesto, una semana después se me había olvidado todo. Sin embargo, cuando habían pasado unos meses, miré hacia atrás y me quedé maravillada ante el montón de distintas cosas que había aprendido o realizado y las numerosas oportunidades que se habían abierto ante mí. De pronto, estaba avanzando por un camino compuesto por pequeños senderos que se entrelazaban, se alejaban y se volvían a juntar: pintura, escritura, fotografía, sesiones individuales con multipotenciales, edición de vídeo… y muchas cosas más que están por llegar. Yo mantengo mi parte del trato y no opongo resistencia ante las bifurcaciones del camino y el Universo sigue trayendo oportunidades a mi puerta.

Al soltar la creencia de que, de alguna manera, yo podía decidir mi propósito, me quité un peso de encima y recuperé la energía que gastaba en evaluarme, juzgarme y limitarme. Ahora ya no soy yo quién decide lo que es importante o no, las oportunidades de contribuir con mis talentos llegan solas.

¿Te apetece probar?

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Persiguiendo a una nube

Si tuviera que definir mi máximo deseo, sin duda sería el de tener una vocación. No exagero si digo que el no haberlo conseguido es una espinita que me duele con cada movimiento. Tanto como para hacerme investigar, escribir y enseñar sobre ello (¿creéis que andaría por aquí si la hubiera encontrado? 😉 ).

Cuando me topé por primera vez con la información sobre la multipotencialidad, toda mi autoimagen dio un vuelco, como ya conté en otros artículos. Sigo estudiando, pensando y compartiendo mis conocimientos sobre el tema y no dejo de sorprenderme de la recepción tan positiva que tiene cada cosa que cuento.

Sin embargo, he cometido un error…

No me di cuenta de ello en su momento, pero ahora veo que es un hábito (o una desesperación) muy mío. Y es que he cometido el error de creer que la multipotencialidad era mi vocación. Sí, ya sé que se trata precisamente de que no tenemos una sola vocación, sino múltiples intereses y talentos. Sin embargo, nuestros deseos más profundos son difíciles de convencer, y la nueva configuración del sistema precisa de numerosos reinicios hasta hacerse efectiva. Y así, yo me agarré a la idea de que el hecho de reconocerme multipotencial me iba a liberar de la búsqueda, como aseguran los libros. Quizás no me convencí del todo, o tal vez el problema radica en una creencia muy arraigada de que lo único que importa es saber mi vocación. Muy dentro de mí, me cuesta creerme que haya otra explicación, otra manera.

Y así, es imposible abrirme a todos mis intereses. Y así, es imposible prosperar. Y así, es imposible estar bien.

Mi nube

Había vuelto a intentar con todas mis fuerzas que lo que sea que me interesaba en ese momento se convirtiera en Esa Cosa. Por supuesto, fallé todos los puntos del escrutinio. Y dejé de estar segura de querer escribir sobre ello. Me desesperé y me sentí enormemente frustrada con la pérdida de interés. Dejé que todos los líos de mi vida se interpusieran, convenientemente, entre mi y el Alinario.

Pero hace poco tiempo, entendí lo que realmente está ocurriendo: yo estoy persiguiendo a una nube que cambia de forma cada vez que la miro. Ahora es el dibujo, ahora la escritura, ahora talleres, ahora una plataforma web, ahora…

…Ahora lo que toca es ver de qué está hecha mi nube (y la tuya) y con qué se come. Y eso de lo que hablaré en los próximos artículos.

He vuelto, echaba de menos contarte estas cosas.

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Individualidad diagnosticada

En los meses que llevo investigando las Altas Capacidades y la Multipotencialidad, he podido observar una cosa que me preocupa: casi toda la información se encuentra en páginas de psicología o de terapias infantiles. Hasta los términos son preocupantes, ya que se habla de diagnosticar las altas capacidades y se recomienda que dicho diagnóstico (al menos en infantes) lo lleve a cabo un equipo clínico. Para las personas adultas que sospechan ser de altas capacidades, también existen test y pruebas que determinan si de verdad lo son.

Yo personalmente lo encuentro humillante, sospechoso y muy preocupante.

Humillante porque no somos casos clínicos, sino personas, y normalmente bien inteligentes. A cualquiera que sea de altas capacidades y/o multipotencial le basta con leer la descripción de las características comunes para identificarse en ellas y comprender su vida bajo un nuevo paradigma. Y también porque la alternativa no queda muy clara: si no pasas un test normativo, ¿qué eres? ¿Un fraude? ¿Un fracaso andante que se ha creído especial? Gracias,  pero ya es más que suficiente con las dudas y el autosabotaje que nos imponemos sin la ayuda de nadie.

Preocupante porque ya está comprobado que, en esta sociedad normativizada, cualquier cosa que se aleje de las normas establecidas es susceptible de ser patologizada: a nadie se le diagnostica la normalidad…

Y sobre todo me preocupa que este enfoque desde la psicología constituya un obstáculo para que las personas adultas con altas capacidades se acerquen a investigar estos conceptos. Y lo entiendo, yo misma había oído muchas veces los términos (en bocas de progenitores preocupados y/o orgullosos) y había intuido que eso mismo me había pasado a mí en la escuela. Sin embargo, siempre sentía cierto rechazo hacia el tema: no tenía ningún deseo de ser diagnosticada de nada.

De hecho, la mayor parte de la información que me ha servido en esta búsqueda proviene de otras personas multipotenciales y no de especialistas. Y es eso mismo que pretendo hacer con este blog: yo no soy psicóloga ni pienso que haya que diagnosticarnos, quiero que te sientas en casa y entre iguales.

Indicadores de la salud social

Tengo una profunda sospecha de que hay que identificarnos para poder tratar con nosotr@s en vez de cambiar los sistemas de educación o empleo.

Dicen que no es síntoma de salud estar sano en un sistema enfermo y yo creo que las personas con altas capacidades por alguna razón nos negamos (a nivel físico) a participar de éste. Si lo miramos desde este punto de vista, las criaturas con AC no necesitan educación especial: es que nuestro sistema educativo es inhumano y en realidad no es bueno para ningún infante. ¿O de verdad piensas que es síntoma de correcto desarrollo ser capaz de concentrarse durante interminables horas en cosas aburridas (con la cantidad de estímulos que se reciben hoy día) y luego repetir con éxito esas mismas cosas aburridas para pasar unos test que presuponen que tod@s somos iguales?

Vivimos en un mundo de sustitutos: la alimentación nutritiva ha sido sustituida por comida basura, la cultura por televisión, las preguntas y la curiosidad por exámenes y títulos, los ritmos naturales por el silbato de la fábrica o del colegio, el sufrimiento por la injusticia por drogas analgésicas… La universidad se ha convertido en un criadero de trabajadores, los oficios han sido sustituidos por elaboración en cadena donde una persona solo controla una pequeña parte del proceso, el trabajo ha sido sustituido por empleo.

Las personas que por alguna razón no sabemos o no podemos adaptarnos a esta gran burbuja de plástico normativizada, corremos el riesgo de ser diagnosticadas con un montón de términos nuevos que se inventan cada día. Si consigues buena puntuación en el test, eres especial; si no, tienes algún síndrome o déficit – nunca es el sistema.

Puede que nuestra forma de ser, por muchos problemas que nos cree, sea lo que nos salva de ser absorbidos por el insaciable apetito de la bestial “normalidad”. Pero no nos olvidemos que todos los seres humanos tienen derecho a ser individuales, creativos y a vivir una vida plena; un derecho que se les arrebata desde el primer día en la escuela.

No quiero meterme en sitios que no manejo: no pretendo decir cómo debería llevarse a cabo el proceso de identificar a las niñas y niños con Altas Capacidades. Estoy segura de que las personas involucradas están poniendo mucho empeño para que las cosas se hagan de la mejor manera posible. Sin embargo, yo no quiero reforzar este enfoque, sobre todo en personas adultas: aunque mis artículos se dirigen a personas multipotenciales, lo que me motiva es una invitación a repensar los conceptos de vocación, productividad, utilidad, servicio, energía, creatividad y valores de vida.

Por eso aquí no encontrarás test de CI ni pruebas de diagnóstico: si te sientes identificad@ con lo que cuento, es más que suficiente para que hablemos de otras maneras de vivir.

Un abrazo.

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Somos seres fronterizos

Ser aprendices de muchas cosas suele darnos la sensación de no pertenecer a ningún “gremio”, de no ser maestr@s de nada. Cuando nos da por la escritura, empezamos a juntarnos con gente que escribe, pero no dejamos de sentirnos como mirones. Claro, esas personas han encontrado su vocación en la escritura y nosotr@s… bueno, hacemos lo de siempre, meternos hasta el cuello en algo (o cuatro cosas a la vez), sabiendo que en algún momento dejará de interesarnos.

Por otro lado, en nuestros trabajos “normales” tampoco terminamos de encajar. Se nos suelen dar bien muchas cosas, tenemos muchos intereses, hablamos de temas dispares… desde luego, normales no somos.

Esto puede generarnos una tensión increíble y una sensación de soledad y de incomprensión tremenda. Por supuesto, en primer lugar se nos activan todas las alarmas de la autocrítica, nos acordamos de todos los comentarios y nos ponemos a la defensiva ante cualquier observación. En segundo lugar, deseamos pertenecer, como todos los seres humanos.

Cocteleras humanas

Pero, por supuesto, hay otra manera de verlo (y vivirlo). Sólo hay que cambiar de enfoque: no vamos picoteando aquí y allí porque no sepamos qué queremos hacer. Es nuestra naturaleza. La buena noticia es que esto, aunque conlleva sus dificultades, puede convertirse en nuestro punto fuerte.

Nuestras mentes son cocteleras de información y experiencias en campos muy dispares. Y cualquier nueva actividad añade un ingrediente. Si aprendemos a confiar en las conexiones que hace nuestro cerebro entre puntos lejanos, descubriremos una ventaja creativa increíble.

El purismo

¿Y por qué no confiamos? Creo que es por miedo a que nos tachen de “impuros”: pensad por ejemplo en el rechazo con el que se recibe cualquier innovación o mezcla en el flamenco. “¡Esto no es flamenco!”. El rechazo es categórico, agresivo y, sobre todo, construye un muro entre nosotr@s y ese mundo al que queremos pertenecer.

¿Cómo cambiarlo? Yo no tengo la respuesta. Sólo sé que el camino de l@s innovador@s es difícil, ya que tenemos que ir abriendo caminos a tientas. Y también sé que tratar de cambiar al mundo es gastar nuestra energía en vano.

Lo que sí podemos hacer es rodearnos de otras personas multipotenciales que no se definan por una actividad u oficio y sepan entender nuestros procesos y motivaciones.

Para terminar, os dejo algunas citas:

Si una idea no es absurda al principio, entonces no merece la pena.

Albert Einstein

Haz lo que sientes en tu corazón para estar bien, serás criticado de todos modos. Te reprocharán si lo haces y te reprocharán si no lo haces.

Eleanor Roosevelt

¡Hasta pronto!

P.D. La frase “Ser fronterizo” me la regaló un amigo. Gracias, Javi 😉

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El mito de la vocación romántica

Llevo unos días obsesionada con la similitud entre el mito del príncipe azul (=amor romántico) y la idea de encontrar la vocación. El primero lo tengo bien estudiado desde una perspectiva feminista de revolucionar la idea del amor romántico, la monogamia, la búsqueda del príncipe azul (y la frustración que conlleva no dar con él) y todos sus atributos: sacrificio, redención, celos, posesividad, etc.

No estoy diciendo que el amor de pareja sea malo, pero sí que la idea que tenemos de este no es natural, sino cultural y ha evolucionado y cambiado mucho a lo largo de los siglos. Ser conscientes de que hemos sido educad@s en esta forma de amar puede darnos pistas sobre posibles alternativas y aliviar la sensación de frustración.

De la misma manera, la idea que tenemos hoy en día sobre la vocación es una construcción social, no algo inherente al ser humano. Y creo que ambas ideas comparten muchos puntos en común.

Destino

Una condición del amor romántico “ideal” es que sea inevitable, arrollador, casi impuesto desde fuera, desde un destino, una flecha o una química biológica. Es una fuerza que te atrapa y hace contigo lo que quiere: no puedes racionalizarla ni cambiarla. Hay amores que llegan de esta manera, pero demasiadas veces confundimos la ansiedad o el subidón de las endorfinas con la locura del amor.

De una forma similar se nos cuenta que la vocación es algo que tienes que encontrar y entonces te cogerá como una ola a la que no podrás resistir. Se puede entender esta idea si tenemos en cuenta que el concepto de “vocación” originariamente se usaba en el contexto cristiano, para referirse a las personas que habían oído a llamada de Dios para dedicarse a su obra. Sin embargo, la aplicación de esta “llamada” a un campo profesional, talento artístico u oficio es muy reciente: surge con Rousseau y compañía.

Redención

El verdadero amor todo lo puede, no hay obstáculo que lo pare, el beso de amor verdadero despertará a la doncella y el amor puro y casto de Sor Inés redimirá a Don Juan. Una y otra vez nos han contado esta idea, bastante absurda si consideramos el nivel de individualismo de nuestra sociedad, que viene a convencernos de que si somos capaces de confiar en el amor todo irá bien, la pareja agresiva se redimirá, los engaños desaparecerán etc.

¿Y qué tiene eso que ver con la vocación? Pues la idea de que al encontrar La Pasión de Tu Vida quedarás redimid@ de la angustiosa búsqueda, tendrás una certeza interior inamovible y serás capaz de prosperar en la vida (aparentemente sin trabajar ni un día, según algunas citas célebres). Esto no solo es algo reciente, sino que, además, tiene un tufillo inaguantable al happy end americano.

Exclusividad

La idea de la exclusividad en el amor se puede entender de dos formas: como monogamia o como la distinción entre el amor “verdadero” y los demás amores. Me interesa este segundo enfoque: yo creo que todos los amores de mi vida han sido el amor de mi vida, cada uno me ha hecho crecer como persona. Pero la búsqueda de ese único amor verdadero hace que perdamos de vista lo enormemente complejas que son las relaciones y nos centremos en un ideal inalcanzable.

Con la vocación pasa tres cuartos de lo mismo. Estos últimos meses he estado pensando en el enorme costo que me ha supuesto la creencia de que había una vocación y que simplemente no la había encontrado: entre muchas de las cosas que me apasionan no había ni una que llenara el molde ideal de la vocación. Entonces, ¿para qué seguir?

El amor

Es evidente que lo que nos hace formar parejas y apasionarnos con alguna actividad es el amor. Una vez una amiga me dijo que lo que la impulsaba a crear era el amor, y aunque creo que ambas interpretamos esto de una manera ligeramente diferente, es totalmente cierto.

Cuando sientes que terminó el amor en tu pareja, no tiene sentido quedarte, porque todo lo que harás vendrá de un lugar enrarecido. De la misma manera, encuentro que sólo se puede estar en una actividad mientras hay amor: amor entendido como energía, como verdad, como honestidad. Y cuando termina (si lo hace), no puedes quedarte.

Hay amores que duran toda la vida y los hay que pueden contener una vida en una noche. Lo mismo pasa con la vocación. Y ambas precisan de una entrega sin condiciones, aún sabiendo que un pequeño reloj está marcando la cuenta atrás.

El amor no es sinónimo de pareja. La vocación no es sinónimo de oficio.

¡Hasta pronto!

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Para qué haces lo que haces

Una de las mayores preocupaciones de las personas multipotenciales es la cuestión de utilidad de sus distintos intereses. Vivimos en una sociedad obsesionada con la productividad y el utilitarismo: parece que cada paso que damos ha de ser útil, servirnos para algo. ¡Hasta el ocio está cada vez más orientado a hacer cosas en vez de entregarnos a la contemplación o el descanso!

Al tener varias ocupaciones a la vez, podemos encontrarnos con la sensación de estar perdiendo el tiempo si no sabemos explicar(nos) para qué hacemos lo que hacemos. Sí, soy plenamente consciente de que el placer y la motivación reales están en el proceso; sin embargo, hay varios motivos por los que es importante tener claridad sobre lo que nos aporta cada actividad: para aliviar la presión de rentabilizar (monetariamente o no) cada pasión, para aprender a guiarnos por nuestros ciclos creativos y para regenerar nuestras energías.

Motivaciones y necesidades

Detrás de cada actividad que nos apasiona hay un motivo, una necesidad que tenemos que cubrir. Supongo que puede haber muchos tipos de motivaciones, pero yo he identificado estas:

  • Metaconocimiento. Todo lo que se relaciona con el autoconocimiento: entender los procesos de aprendizaje/creación, conocer nuestras emociones y reacciones, estudiar el comportamiento humano, etc. Aquí entrarían todas las horas de lectura que les dedicamos a los libros de psicología, sociología o inteligencia emocional, todos los cursos y talleres sobre esos temas y todos los pensamientos que giran en torno de ellos.
  • Adquisición de habilidades. Aprender a hacer cosas nuevas, así de simple: pintar, crear páginas web, hablar algún idioma, tocar un instrumento, etc.
  • Expresión de emociones: todo lo que nos sirva para canalizar y entender nuestro mundo emocional. Para mí, por ejemplo, eso ocurre pintando, es como una conversación conmigo misma en la que descubro cómo estoy, a la vez que es un medio para curar mis heridas.
  • Relajación mental: actividades mecánicas, manuales o físicas que nos permiten activar la parte del cerebro que suele estar inactiva. De esta manera, tejer, nadar, meditar, caminar, cocinar… nos permite entrar en un estado mental diferente, en el que ocurren las conexiones más inesperadas (creatividad), se ordenan nuestros recuerdos (memoria) y se calman las redes neuronales habituales. (Si te interesa el tema, te recomiendo el libro “El arte y la ciencia de no hacer nada” de Andrew Smart)
  • Autocuidados. Búsqueda de información sobre la alimentación, el uso de las plantas medicinales, cuidado corporal, música, fabricación de jabones o ungüentos caseros, cultivo de alimentos propios, etc. Todo aquello que nos hace restablecer nuestras energías físicas y mentales.
  • Activismo. Como ya apunté en este artículo, muchas personas multipotenciales somos muy sensibles a la injusticia, la violencia y el sufrimiento de los demás seres. Es muy habitual que nos involucremos en círculos políticos o activistas para dar salida a esta sensibilidad.
  • Crecimiento profesional. Todo lo que esté relacionado con hacer mejor nuestro trabajo. Aquí las actividades cambiarán dependiendo de lo que sea tu trabajo en cada momento, pero puede implicar cursos o lecturas sobre marketing, educación, desarrollo software, etc.
  • Comunicación. Todas las actividades que nos ayuden a comunicarnos con el mundo: el arte, la escritura, etc.
  • Imaginar/inventar: al tener una imaginación muy potente, necesitamos darle trabajo constantemente y eso es lo que ocurre cuando “de la nada” estamos inventando un proyecto ne nuestras cabezas.

No sé si me dejo algo, si crees que sí, por favor, deja un comentario abajo.

Ordenando nuestras pasiones

Los tipos de motivaciones que apunté arriba no son exclusivas de personas multipotenciales. De hecho, creo que todo el mundo, en mayor o menor medida, realiza actividades de todos esos tipos.

Ahora bien, hay una razón por la que para las personas multipotenciales es especialmente útil pararse a pensar en ello: y es que, cuando descubrimos algo que nos gusta, solemos meternos hasta las orejas. Además, se nos suele dar bien y tenemos facilidad para imaginar un proyecto profesional (o, al menos, de gran envergadura) desde el minuto cero.

Identificando correctamente la necesidad que impulsó una actividad podemos cubrirla mejor y dejar de buscarle otra utilidad (solemos obsesionarnos con el rollo este de “bueno, ya lo he encontrado, ahora voy a ser jardinera”, cuando lo único que nos pedía el cuerpo era un poco más de vitamina C…).

Para ordenar tus intereses y encontrar qué necesidad los impulsó, creo que lo más fácil es revisar las cosas que YA NO te apasionan y tratar de descubrir en qué momento perdiste tu interés. Como ya vimos, las personas multipotenciales tenemos un concepto muy particular sobre lo que es terminar algo y es encontrar lo que veníamos buscando, sea esto información, inspiración, habilidad o relajación. En cuanto lo conseguimos, parece que no hay ni un poquito de energía que quiera seguir por ahí. Escribe en un papel todas las cosas por las que te apasionaste en el pasado (bueno, quizás no haga falta ponerlas todas) e intenta recordar qué fue que obtuviste que te hizo pasar a otra cosa.

Nada es permanente

Somos personas amantes del cambio, pero, por si acaso, lo voy a precisar: que una actividad concreta cubra una necesidad A en un momento dado, no significa que siempre sea así. A lo mejor sí, a lo mejor no. Por ejemplo, si descubro que la pintura me sirve como medio de expresión emocional, eso no significa que no pueda identificarla con el crecimiento profesional en otro momento. Hay que prestar atención a nuestros ciclos y necesidades cuando comenzamos a sumergirnos en una nueva pasión, pero recordar que ese conocimiento se queda en nuestras cabezas y puede ser usado de mil formas distintas en el futuro.

¡Hasta pronto!

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