Blog Archives

Persiguiendo a una nube

Si tuviera que definir mi máximo deseo, sin duda sería el de tener una vocación. No exagero si digo que el no haberlo conseguido es una espinita que me duele con cada movimiento. Tanto como para hacerme investigar, escribir y enseñar sobre ello (¿creéis que andaría por aquí si la hubiera encontrado? 😉 ).

Cuando me topé por primera vez con la información sobre la multipotencialidad, toda mi autoimagen dio un vuelco, como ya conté en otros artículos. Sigo estudiando, pensando y compartiendo mis conocimientos sobre el tema y no dejo de sorprenderme de la recepción tan positiva que tiene cada cosa que cuento.

Sin embargo, he cometido un error…

No me di cuenta de ello en su momento, pero ahora veo que es un hábito (o una desesperación) muy mío. Y es que he cometido el error de creer que la multipotencialidad era mi vocación. Sí, ya sé que se trata precisamente de que no tenemos una sola vocación, sino múltiples intereses y talentos. Sin embargo, nuestros deseos más profundos son difíciles de convencer, y la nueva configuración del sistema precisa de numerosos reinicios hasta hacerse efectiva. Y así, yo me agarré a la idea de que el hecho de reconocerme multipotencial me iba a liberar de la búsqueda, como aseguran los libros. Quizás no me convencí del todo, o tal vez el problema radica en una creencia muy arraigada de que lo único que importa es saber mi vocación. Muy dentro de mí, me cuesta creerme que haya otra explicación, otra manera.

Y así, es imposible abrirme a todos mis intereses. Y así, es imposible prosperar. Y así, es imposible estar bien.

Mi nube

Había vuelto a intentar con todas mis fuerzas que lo que sea que me interesaba en ese momento se convirtiera en Esa Cosa. Por supuesto, fallé todos los puntos del escrutinio. Y dejé de estar segura de querer escribir sobre ello. Me desesperé y me sentí enormemente frustrada con la pérdida de interés. Dejé que todos los líos de mi vida se interpusieran, convenientemente, entre mi y el Alinario.

Pero hace poco tiempo, entendí lo que realmente está ocurriendo: yo estoy persiguiendo a una nube que cambia de forma cada vez que la miro. Ahora es el dibujo, ahora la escritura, ahora talleres, ahora una plataforma web, ahora…

…Ahora lo que toca es ver de qué está hecha mi nube (y la tuya) y con qué se come. Y eso de lo que hablaré en los próximos artículos.

He vuelto, echaba de menos contarte estas cosas.

Read more →

Un monstruo que devora tu energía

Llevo un par de semanas sin escribir nada porque he estado trabajando. Un trabajo “alimenticio” que todxs tenemos que hacer cada poco o mucho tiempo. Personalmente, siempre he llevado muy mal lo de dedicar mi energía a cosas que no me gustan y ahora, con la excusa de buscar un tema para el blog, me puse a reflexionar sobre el por qué.

Una de las primeras ideas que apunté es que me quedo sin energía. Aunque no sean muchas horas, después no soy capaz de encontrar ni una migita de energía para lo verdaderamente importante. ¿No te pasa? Me enfado mucho – conmigo por esta incapacidad (¿Cómo lo hace el resto del mundo?); con el sistema; con el universo entero – y también me siento muy desgraciada con cada día que pasa sin dedicarme a lo mío. Es un círculo vicioso que funciona como una espiral descendente hacia los pozos más oscuros de la autocompasión.

Drama aparte, a pesar de no ser capaz de escribir, seguí pensando: ¿Pero porqué me quedo tan agotada? ¿Cuáles son las condiciones que propician este estado tan lamentable? ¿De verdad es sólo cansancio? Comencé a observar mi estado interior durante las interminables horas que tenía que pasar en el trabajo: mi mente estaba distraída, vagando de una cosa a otra sin poder hilar un pensamiento profundo y sentía un enorme rechazo a lo que hacía: no quería estar allí por nada del mundo. Una tristeza sin amor, en palabras de Niccolo Tommaseo. Dentro de mí había un monstruo enorme devorando mi alegría y mi energía.

Ese monstruo tiene nombre

Se llama tedio y es uno de los grandes. La RAE lo define como “Aburrimiento extremo o estado de ánimo del que soporta algo o a alguien que no le interesa”. Seguro que sabes de lo que hablo… y si no, solo recuerda las horas de la escuela, un tiempo que se convierte en tortura. Cuando observas cómo actúan los niños y las niñas cuando están muy aburridos, pero se les obliga a estar quietos, puedes ver un reflejo de tu cerebro de persona adulta: se revuelven en sus asientos, patean el aire, ponen las caras de pena y hastío más ridículas, resoplan, se quejan, lloran… en definitiva son la encarnación de un montón de preciosa energía que no puede fluir y no sabe qué hacer consigo misma.

Es curioso ver cómo, al hacernos mayores, seguimos con la lección aprendida en la infancia; una lección que tenemos grabada a fuego: el tedio, el hastío y el aburrimiento son partes integrantes y normales de la vida diaria. Y te tienes que aguantar, porque es obligatorio quedarte hasta la hora oficial de la salida. Ya hay muchas voces que alertan de la insensatez e improductividad de esta forma de gestionar la escuela/el trabajo, pero el cambio es muuuuuuy lento.

De todas maneras, lo que me interesa que consideres respecto al tedio es lo siguiente:

  • El tedio devora tu energía. Si vas a aceptar un empleo que sabes que te va a aburrir desde el minuto uno, no te engañes pensando en que serán pocas horas y luego tendrás el resto del día para tí. Si eres una persona intolerante al aburrimiento extremo (como yo), cuenta con que eso te va a salir muy caro.
  • El estado mental provocado por el tedio se prolonga hasta horas después de terminarse la situación aburrida. Esta es la verdadera razón por la que muchas veces no somos capaces de ponernos a crear ni a pensar con claridad tiempo después de salir del trabajo. Tienes que buscar algún truco que revitalice y vuelva a centrar tu flujo mental: vuelve a casa en bici, párate durante unos minutos y trata de escribir sobre el día que has pasado (desahógate), concéntrate en el momento en que te pondrás a hacer aquello que tanto te gusta, piensa en las diez cosas que tienes que agradecer, etc.
  • El tedio no es un precio que tienes que pagar por estar viv@, hay muchas cosas que puedes hacer: cambiar de trabajo, buscar nuevas tareas dentro del trabajo actual, crear tu porpia empresa… El tedio no es más que un recordatorio enorme de que estás empleando tu energía y tu tiempo a algo que está muy por debajo de tus posibilidades.

Y sobre todo, recuerda que el tedio es una especie de anti-flujo, un estado del que nada nace. No malgastes tus semillas en un terreno infértil e inhóspito.

Y tú, ¿qué opinas?

¡Hasta pronto!

Read more →

Somos seres fronterizos

Ser aprendices de muchas cosas suele darnos la sensación de no pertenecer a ningún “gremio”, de no ser maestr@s de nada. Cuando nos da por la escritura, empezamos a juntarnos con gente que escribe, pero no dejamos de sentirnos como mirones. Claro, esas personas han encontrado su vocación en la escritura y nosotr@s… bueno, hacemos lo de siempre, meternos hasta el cuello en algo (o cuatro cosas a la vez), sabiendo que en algún momento dejará de interesarnos.

Por otro lado, en nuestros trabajos “normales” tampoco terminamos de encajar. Se nos suelen dar bien muchas cosas, tenemos muchos intereses, hablamos de temas dispares… desde luego, normales no somos.

Esto puede generarnos una tensión increíble y una sensación de soledad y de incomprensión tremenda. Por supuesto, en primer lugar se nos activan todas las alarmas de la autocrítica, nos acordamos de todos los comentarios y nos ponemos a la defensiva ante cualquier observación. En segundo lugar, deseamos pertenecer, como todos los seres humanos.

Cocteleras humanas

Pero, por supuesto, hay otra manera de verlo (y vivirlo). Sólo hay que cambiar de enfoque: no vamos picoteando aquí y allí porque no sepamos qué queremos hacer. Es nuestra naturaleza. La buena noticia es que esto, aunque conlleva sus dificultades, puede convertirse en nuestro punto fuerte.

Nuestras mentes son cocteleras de información y experiencias en campos muy dispares. Y cualquier nueva actividad añade un ingrediente. Si aprendemos a confiar en las conexiones que hace nuestro cerebro entre puntos lejanos, descubriremos una ventaja creativa increíble.

El purismo

¿Y por qué no confiamos? Creo que es por miedo a que nos tachen de “impuros”: pensad por ejemplo en el rechazo con el que se recibe cualquier innovación o mezcla en el flamenco. “¡Esto no es flamenco!”. El rechazo es categórico, agresivo y, sobre todo, construye un muro entre nosotr@s y ese mundo al que queremos pertenecer.

¿Cómo cambiarlo? Yo no tengo la respuesta. Sólo sé que el camino de l@s innovador@s es difícil, ya que tenemos que ir abriendo caminos a tientas. Y también sé que tratar de cambiar al mundo es gastar nuestra energía en vano.

Lo que sí podemos hacer es rodearnos de otras personas multipotenciales que no se definan por una actividad u oficio y sepan entender nuestros procesos y motivaciones.

Para terminar, os dejo algunas citas:

Si una idea no es absurda al principio, entonces no merece la pena.

Albert Einstein

Haz lo que sientes en tu corazón para estar bien, serás criticado de todos modos. Te reprocharán si lo haces y te reprocharán si no lo haces.

Eleanor Roosevelt

¡Hasta pronto!

P.D. La frase “Ser fronterizo” me la regaló un amigo. Gracias, Javi 😉

Read more →

El mito de la vocación romántica

Llevo unos días obsesionada con la similitud entre el mito del príncipe azul (=amor romántico) y la idea de encontrar la vocación. El primero lo tengo bien estudiado desde una perspectiva feminista de revolucionar la idea del amor romántico, la monogamia, la búsqueda del príncipe azul (y la frustración que conlleva no dar con él) y todos sus atributos: sacrificio, redención, celos, posesividad, etc.

No estoy diciendo que el amor de pareja sea malo, pero sí que la idea que tenemos de este no es natural, sino cultural y ha evolucionado y cambiado mucho a lo largo de los siglos. Ser conscientes de que hemos sido educad@s en esta forma de amar puede darnos pistas sobre posibles alternativas y aliviar la sensación de frustración.

De la misma manera, la idea que tenemos hoy en día sobre la vocación es una construcción social, no algo inherente al ser humano. Y creo que ambas ideas comparten muchos puntos en común.

Destino

Una condición del amor romántico “ideal” es que sea inevitable, arrollador, casi impuesto desde fuera, desde un destino, una flecha o una química biológica. Es una fuerza que te atrapa y hace contigo lo que quiere: no puedes racionalizarla ni cambiarla. Hay amores que llegan de esta manera, pero demasiadas veces confundimos la ansiedad o el subidón de las endorfinas con la locura del amor.

De una forma similar se nos cuenta que la vocación es algo que tienes que encontrar y entonces te cogerá como una ola a la que no podrás resistir. Se puede entender esta idea si tenemos en cuenta que el concepto de “vocación” originariamente se usaba en el contexto cristiano, para referirse a las personas que habían oído a llamada de Dios para dedicarse a su obra. Sin embargo, la aplicación de esta “llamada” a un campo profesional, talento artístico u oficio es muy reciente: surge con Rousseau y compañía.

Redención

El verdadero amor todo lo puede, no hay obstáculo que lo pare, el beso de amor verdadero despertará a la doncella y el amor puro y casto de Sor Inés redimirá a Don Juan. Una y otra vez nos han contado esta idea, bastante absurda si consideramos el nivel de individualismo de nuestra sociedad, que viene a convencernos de que si somos capaces de confiar en el amor todo irá bien, la pareja agresiva se redimirá, los engaños desaparecerán etc.

¿Y qué tiene eso que ver con la vocación? Pues la idea de que al encontrar La Pasión de Tu Vida quedarás redimid@ de la angustiosa búsqueda, tendrás una certeza interior inamovible y serás capaz de prosperar en la vida (aparentemente sin trabajar ni un día, según algunas citas célebres). Esto no solo es algo reciente, sino que, además, tiene un tufillo inaguantable al happy end americano.

Exclusividad

La idea de la exclusividad en el amor se puede entender de dos formas: como monogamia o como la distinción entre el amor “verdadero” y los demás amores. Me interesa este segundo enfoque: yo creo que todos los amores de mi vida han sido el amor de mi vida, cada uno me ha hecho crecer como persona. Pero la búsqueda de ese único amor verdadero hace que perdamos de vista lo enormemente complejas que son las relaciones y nos centremos en un ideal inalcanzable.

Con la vocación pasa tres cuartos de lo mismo. Estos últimos meses he estado pensando en el enorme costo que me ha supuesto la creencia de que había una vocación y que simplemente no la había encontrado: entre muchas de las cosas que me apasionan no había ni una que llenara el molde ideal de la vocación. Entonces, ¿para qué seguir?

El amor

Es evidente que lo que nos hace formar parejas y apasionarnos con alguna actividad es el amor. Una vez una amiga me dijo que lo que la impulsaba a crear era el amor, y aunque creo que ambas interpretamos esto de una manera ligeramente diferente, es totalmente cierto.

Cuando sientes que terminó el amor en tu pareja, no tiene sentido quedarte, porque todo lo que harás vendrá de un lugar enrarecido. De la misma manera, encuentro que sólo se puede estar en una actividad mientras hay amor: amor entendido como energía, como verdad, como honestidad. Y cuando termina (si lo hace), no puedes quedarte.

Hay amores que duran toda la vida y los hay que pueden contener una vida en una noche. Lo mismo pasa con la vocación. Y ambas precisan de una entrega sin condiciones, aún sabiendo que un pequeño reloj está marcando la cuenta atrás.

El amor no es sinónimo de pareja. La vocación no es sinónimo de oficio.

¡Hasta pronto!

Read more →

Para qué haces lo que haces

Una de las mayores preocupaciones de las personas multipotenciales es la cuestión de utilidad de sus distintos intereses. Vivimos en una sociedad obsesionada con la productividad y el utilitarismo: parece que cada paso que damos ha de ser útil, servirnos para algo. ¡Hasta el ocio está cada vez más orientado a hacer cosas en vez de entregarnos a la contemplación o el descanso!

Al tener varias ocupaciones a la vez, podemos encontrarnos con la sensación de estar perdiendo el tiempo si no sabemos explicar(nos) para qué hacemos lo que hacemos. Sí, soy plenamente consciente de que el placer y la motivación reales están en el proceso; sin embargo, hay varios motivos por los que es importante tener claridad sobre lo que nos aporta cada actividad: para aliviar la presión de rentabilizar (monetariamente o no) cada pasión, para aprender a guiarnos por nuestros ciclos creativos y para regenerar nuestras energías.

Motivaciones y necesidades

Detrás de cada actividad que nos apasiona hay un motivo, una necesidad que tenemos que cubrir. Supongo que puede haber muchos tipos de motivaciones, pero yo he identificado estas:

  • Metaconocimiento. Todo lo que se relaciona con el autoconocimiento: entender los procesos de aprendizaje/creación, conocer nuestras emociones y reacciones, estudiar el comportamiento humano, etc. Aquí entrarían todas las horas de lectura que les dedicamos a los libros de psicología, sociología o inteligencia emocional, todos los cursos y talleres sobre esos temas y todos los pensamientos que giran en torno de ellos.
  • Adquisición de habilidades. Aprender a hacer cosas nuevas, así de simple: pintar, crear páginas web, hablar algún idioma, tocar un instrumento, etc.
  • Expresión de emociones: todo lo que nos sirva para canalizar y entender nuestro mundo emocional. Para mí, por ejemplo, eso ocurre pintando, es como una conversación conmigo misma en la que descubro cómo estoy, a la vez que es un medio para curar mis heridas.
  • Relajación mental: actividades mecánicas, manuales o físicas que nos permiten activar la parte del cerebro que suele estar inactiva. De esta manera, tejer, nadar, meditar, caminar, cocinar… nos permite entrar en un estado mental diferente, en el que ocurren las conexiones más inesperadas (creatividad), se ordenan nuestros recuerdos (memoria) y se calman las redes neuronales habituales. (Si te interesa el tema, te recomiendo el libro “El arte y la ciencia de no hacer nada” de Andrew Smart)
  • Autocuidados. Búsqueda de información sobre la alimentación, el uso de las plantas medicinales, cuidado corporal, música, fabricación de jabones o ungüentos caseros, cultivo de alimentos propios, etc. Todo aquello que nos hace restablecer nuestras energías físicas y mentales.
  • Activismo. Como ya apunté en este artículo, muchas personas multipotenciales somos muy sensibles a la injusticia, la violencia y el sufrimiento de los demás seres. Es muy habitual que nos involucremos en círculos políticos o activistas para dar salida a esta sensibilidad.
  • Crecimiento profesional. Todo lo que esté relacionado con hacer mejor nuestro trabajo. Aquí las actividades cambiarán dependiendo de lo que sea tu trabajo en cada momento, pero puede implicar cursos o lecturas sobre marketing, educación, desarrollo software, etc.
  • Comunicación. Todas las actividades que nos ayuden a comunicarnos con el mundo: el arte, la escritura, etc.
  • Imaginar/inventar: al tener una imaginación muy potente, necesitamos darle trabajo constantemente y eso es lo que ocurre cuando “de la nada” estamos inventando un proyecto ne nuestras cabezas.

No sé si me dejo algo, si crees que sí, por favor, deja un comentario abajo.

Ordenando nuestras pasiones

Los tipos de motivaciones que apunté arriba no son exclusivas de personas multipotenciales. De hecho, creo que todo el mundo, en mayor o menor medida, realiza actividades de todos esos tipos.

Ahora bien, hay una razón por la que para las personas multipotenciales es especialmente útil pararse a pensar en ello: y es que, cuando descubrimos algo que nos gusta, solemos meternos hasta las orejas. Además, se nos suele dar bien y tenemos facilidad para imaginar un proyecto profesional (o, al menos, de gran envergadura) desde el minuto cero.

Identificando correctamente la necesidad que impulsó una actividad podemos cubrirla mejor y dejar de buscarle otra utilidad (solemos obsesionarnos con el rollo este de “bueno, ya lo he encontrado, ahora voy a ser jardinera”, cuando lo único que nos pedía el cuerpo era un poco más de vitamina C…).

Para ordenar tus intereses y encontrar qué necesidad los impulsó, creo que lo más fácil es revisar las cosas que YA NO te apasionan y tratar de descubrir en qué momento perdiste tu interés. Como ya vimos, las personas multipotenciales tenemos un concepto muy particular sobre lo que es terminar algo y es encontrar lo que veníamos buscando, sea esto información, inspiración, habilidad o relajación. En cuanto lo conseguimos, parece que no hay ni un poquito de energía que quiera seguir por ahí. Escribe en un papel todas las cosas por las que te apasionaste en el pasado (bueno, quizás no haga falta ponerlas todas) e intenta recordar qué fue que obtuviste que te hizo pasar a otra cosa.

Nada es permanente

Somos personas amantes del cambio, pero, por si acaso, lo voy a precisar: que una actividad concreta cubra una necesidad A en un momento dado, no significa que siempre sea así. A lo mejor sí, a lo mejor no. Por ejemplo, si descubro que la pintura me sirve como medio de expresión emocional, eso no significa que no pueda identificarla con el crecimiento profesional en otro momento. Hay que prestar atención a nuestros ciclos y necesidades cuando comenzamos a sumergirnos en una nueva pasión, pero recordar que ese conocimiento se queda en nuestras cabezas y puede ser usado de mil formas distintas en el futuro.

¡Hasta pronto!

Read more →