¿Crees que tienes que decidir tu camino?

Hace seis meses decidí dejar de buscar mi vocación de manera activa. En vez de eso, hice un trato con el universo…

Como la mayoría de las personas multipotenciales, durante casi toda mi vida creía que me faltaba algo, que había alguna cosa, algún engranaje que no parecía funcionar bien en mí. Por supuesto, estoy hablando de la vocación, de la profesión, del “sentar la cabeza” y todos estos dolores de cabeza.

Antes de saber que existía algo llamado multipotencialidad y que no estaba sola, me auto diagnostiqué de infinitos males: falta de autoestima, incapacidad de mantener el interés, falta de disciplina, idealismo exacerbado, miedo al compromiso… captáis la idea, ¿verdad? Y bien, se podría decir que adolezco un poco de todas estas cosas, pero ninguna explicaba realmente qué era lo que iba mal. No parecían solucionar nada.

Lo que ocurría era que yo estaba registrando los “síntomas” de una multipotencialidad mal gestionada, pero no lograba dar con el quid de la cuestión. En otros artículos ya he contado el cambio que supuso para mí el encontrar las palabras adecuadas para describirme (y explicarme). Hoy quiero compartir otro aspecto interesante (no lo he contado hasta ahora porque quería ver si era efectivo…¡y lo es!).

Yo me lo guiso…

Uno de los efectos secundarios de la increíble cantidad de falsos diagnósticos que nos auto aplicamos como multipotenciales sin identificar, es la firme creencia de que somos responsables de nuestra incapacidad de hallar un camino único. Al no conocer lo que realmente nos hace sufrir (vivimos en un mundo de especialistas, recordáis?) y tener la permanente sensación de estar defraudando a nuestros allegados, de un modo consciente o no nos obligamos a dar una solución a “nuestro problema”.

Como si se tratara de una sentencia, enfocamos nuestras energías en encontrar la maldita vocación de una vez por todas. Como sea. Cueste lo que cueste. Por activa y por pasiva. Eso de ir probando cosas y dejar que la(s) pasión(es) te arrastren a su manera está muy bien para los demás; nosotrxs no tenemos más tiempo para ello.

Como adivináis, no es el mejor modus operandi porque convierte un (aparente) problema en una obsesión 24/7. Cualquier actividad o interés nuevos son de inmediato escaneados para ver si cumplen los requisitos necesarios para ser “eso”. Por supuesto, ni se acercan (recordad: los multipotenciales están hechos para tener muchas pasiones), por lo que dedicarles más tiempo parece un desperdicio de energía y los abandonamos. De esta manera nos matamos de hambre en una tienda de chucherías (Barbara Sher dixit): nos gustaría probarlas todas, pero nos obligamos a elegir solo una (imposible).

Entrega completa

Bueno, después de tantos años de castigarme por no ser capaz de encontrar mi camino (duele hasta escribirlo), hace unos meses me aburrí tanto de ello que decidí que cualquier cosa era más interesante que seguir con esta cantinela. Además, también estaba cansada de sentir que no estaba empleando mis talentos al cien por cien y todas esas cosas.

De manera que me rendí por completo. Una noche, mirando el infinito cielo estrellado de Galicia, hice un trato con el Universo. Le entregué todos mis dones. Tal cual. Le dije:

Entrego todos mis dones a la humanidad. Pedidme lo que necesitéis.

Por mi parte, prometí no entorpecer la marcha de las cosas y estar abierta a todos los caminos.

Por supuesto, una semana después se me había olvidado todo. Sin embargo, cuando habían pasado unos meses, miré hacia atrás y me quedé maravillada ante el montón de distintas cosas que había aprendido o realizado y las numerosas oportunidades que se habían abierto ante mí. De pronto, estaba avanzando por un camino compuesto por pequeños senderos que se entrelazaban, se alejaban y se volvían a juntar: pintura, escritura, fotografía, sesiones individuales con multipotenciales, edición de vídeo… y muchas cosas más que están por llegar. Yo mantengo mi parte del trato y no opongo resistencia ante las bifurcaciones del camino y el Universo sigue trayendo oportunidades a mi puerta.

Al soltar la creencia de que, de alguna manera, yo podía decidir mi propósito, me quité un peso de encima y recuperé la energía que gastaba en evaluarme, juzgarme y limitarme. Ahora ya no soy yo quién decide lo que es importante o no, las oportunidades de contribuir con mis talentos llegan solas.

¿Te apetece probar?

Mi cabeza siempre está llena de ideas y mi camino es seguir a mi corazón. He pintado desde que soy pequeña, aunque pasé muchos años dedicándome a otras cosas. Retomar la creación artística ha sido como volver a casa; una casa a la que te invito. Además del arte, me apasiona la creatividad como objeto de observación, y he dedicado mucho tiempo a entender los ciclos creativos, así como los bloqueos y las creencias que nos limitan. Ahora comparto mis ideas en los talleres que imparto. La coherencia es otra de las cosas que tengo siempre presente. La coherencia entendida como el valor de vivir acorde con mis propios valores, de tener una voz particular, de permitirme en vez de obligarme. Además de aplicarme el cuento y contar mi experiencia en mi blog, ayudo a otras personas a encontrar un camino coherente con ellas mismas en sus empresas y en su día a día.

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