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El mito de la vocación romántica

Llevo unos días obsesionada con la similitud entre el mito del príncipe azul (=amor romántico) y la idea de encontrar la vocación. El primero lo tengo bien estudiado desde una perspectiva feminista de revolucionar la idea del amor romántico, la monogamia, la búsqueda del príncipe azul (y la frustración que conlleva no dar con él) y todos sus atributos: sacrificio, redención, celos, posesividad, etc.

No estoy diciendo que el amor de pareja sea malo, pero sí que la idea que tenemos de este no es natural, sino cultural y ha evolucionado y cambiado mucho a lo largo de los siglos. Ser conscientes de que hemos sido educad@s en esta forma de amar puede darnos pistas sobre posibles alternativas y aliviar la sensación de frustración.

De la misma manera, la idea que tenemos hoy en día sobre la vocación es una construcción social, no algo inherente al ser humano. Y creo que ambas ideas comparten muchos puntos en común.

Destino

Una condición del amor romántico “ideal” es que sea inevitable, arrollador, casi impuesto desde fuera, desde un destino, una flecha o una química biológica. Es una fuerza que te atrapa y hace contigo lo que quiere: no puedes racionalizarla ni cambiarla. Hay amores que llegan de esta manera, pero demasiadas veces confundimos la ansiedad o el subidón de las endorfinas con la locura del amor.

De una forma similar se nos cuenta que la vocación es algo que tienes que encontrar y entonces te cogerá como una ola a la que no podrás resistir. Se puede entender esta idea si tenemos en cuenta que el concepto de “vocación” originariamente se usaba en el contexto cristiano, para referirse a las personas que habían oído a llamada de Dios para dedicarse a su obra. Sin embargo, la aplicación de esta “llamada” a un campo profesional, talento artístico u oficio es muy reciente: surge con Rousseau y compañía.

Redención

El verdadero amor todo lo puede, no hay obstáculo que lo pare, el beso de amor verdadero despertará a la doncella y el amor puro y casto de Sor Inés redimirá a Don Juan. Una y otra vez nos han contado esta idea, bastante absurda si consideramos el nivel de individualismo de nuestra sociedad, que viene a convencernos de que si somos capaces de confiar en el amor todo irá bien, la pareja agresiva se redimirá, los engaños desaparecerán etc.

¿Y qué tiene eso que ver con la vocación? Pues la idea de que al encontrar La Pasión de Tu Vida quedarás redimid@ de la angustiosa búsqueda, tendrás una certeza interior inamovible y serás capaz de prosperar en la vida (aparentemente sin trabajar ni un día, según algunas citas célebres). Esto no solo es algo reciente, sino que, además, tiene un tufillo inaguantable al happy end americano.

Exclusividad

La idea de la exclusividad en el amor se puede entender de dos formas: como monogamia o como la distinción entre el amor “verdadero” y los demás amores. Me interesa este segundo enfoque: yo creo que todos los amores de mi vida han sido el amor de mi vida, cada uno me ha hecho crecer como persona. Pero la búsqueda de ese único amor verdadero hace que perdamos de vista lo enormemente complejas que son las relaciones y nos centremos en un ideal inalcanzable.

Con la vocación pasa tres cuartos de lo mismo. Estos últimos meses he estado pensando en el enorme costo que me ha supuesto la creencia de que había una vocación y que simplemente no la había encontrado: entre muchas de las cosas que me apasionan no había ni una que llenara el molde ideal de la vocación. Entonces, ¿para qué seguir?

El amor

Es evidente que lo que nos hace formar parejas y apasionarnos con alguna actividad es el amor. Una vez una amiga me dijo que lo que la impulsaba a crear era el amor, y aunque creo que ambas interpretamos esto de una manera ligeramente diferente, es totalmente cierto.

Cuando sientes que terminó el amor en tu pareja, no tiene sentido quedarte, porque todo lo que harás vendrá de un lugar enrarecido. De la misma manera, encuentro que sólo se puede estar en una actividad mientras hay amor: amor entendido como energía, como verdad, como honestidad. Y cuando termina (si lo hace), no puedes quedarte.

Hay amores que duran toda la vida y los hay que pueden contener una vida en una noche. Lo mismo pasa con la vocación. Y ambas precisan de una entrega sin condiciones, aún sabiendo que un pequeño reloj está marcando la cuenta atrás.

El amor no es sinónimo de pareja. La vocación no es sinónimo de oficio.

¡Hasta pronto!

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Esto es lo más importante para ti

Tengo en la cabeza muchas cosas sobre la multipotencialidad que quiero compartir contigo: ideas, herramientas, estrategias, etc. Pero hace unos días me ocurrió algo que sacó a relucir la herramienta más poderosa de todas y voy a saltarme el orden previsto para contártela y proponerte algo.

Así que vamos al lío. Este fin de semana he tenido la enorme suerte de conocer a alguien como yo. Es decir, alguien que no es de mi familia (en la que algunas somos multipotenciales y nos entendemos). Estoy segura de que en mi vida me he cruzado con muchísimas personas multipotenciales y de altas capacidades, pero como no es algo de lo que se hable normalmente (por eso empecé este blog), pues no nos reconocimos como tales.

Conocer a un@ semejante y pasarte horas hablando de la multipotencialidad es muy poderoso: es como mirarte a un espejo que no te juzga, que funciona igual que tú, que ha tenido muchas reflexiones similares y que te entiende como nadie. Y no solo eso: ese alguien seguramente esté experimentando el mismo asombro que tú, el mismo alivio de sentirse comprendido.

Yo estoy convencida de que somos más de lo que parece las personas con altas capacidades, con múltiples intereses, con el agobio de no encontrar La Pasión de nuestras vidas y con la permanente sensación de que nos falta algo: algo intrínseco, una capacidad de organización, un conjunto de herramientas que todo el mundo parece tener. Y es exactamente la sensación de que el resto del mundo sabe algo que nosotr@s no logramos descifrar la que hace que no hablemos de ello, que nos sintamos como fracasos andantes o bichos raros. No tenemos palabras para nombrar lo que somos y ya sabemos que lo que no se nombra no existe.

Una de las principales razones que me llevaron a comenzar este proyecto era el deseo hablar de mi descubrimiento, de transmitir la sensación de alivio que sentí al verme identificada. Y sigue siendo el motor que me empuja a seguir (sobretodo viendo la respuesta tan asombrosa que está teniendo el blog, ¡gracias!).

Sin embargo, ahora me doy cuenta que también anhelaba conocer a personas como yo, a ser posible cara a cara: ver en la mirada de otra persona el mismo brillo de entusiasmo y la misma sombra de duda.

Por eso, creo que sería genial vernos, conocernos, reírnos y compartir experiencias. Ahora mismo vivo en Madrid y propongo una QUEDADA MULTIPOWER para junio.

¿Qué me decís? ¿Os apetece?

L@s que no vivan en Madrid, no os preocupéis, ya iremos tejiendo estrategias.

¡Espero vuestros comentarios al respecto!

¡Hasta pronto!

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Tus ciclos productivos

¿Cuántos artículos sobre la productividad has leído a lo largo de tu vida? Seguro que unos cuantos, ya que el foco y la productividad suelen ser preocupaciones comunes para las personas multipotenciales.

Si eres de las que cambian de un interés a otro de manera consecutiva, es decir, se dedican en cuerpo y alma a una cosa hasta agotarla (lo que puede ser en una semana o en diez años) y luego pasan a otra, puedes probar con los consejos habituales de productividad y gestión del tiempo.

Sin embargo, cuando haces malabares con dos, tres o cuatro actividades, una agenda normal es muy frustrante por varias razones. En primer lugar, porque no contempla que puedas tener más de una actividad principal (literalmente, no hay espacio suficiente ahí). En segundo lugar, porque no todos los días tienes la misma energía: esta semana puede que estés en sintonía con la escritura, pero la que viene tal vez ya no.

Además, con nuestras inseguridades por no terminar las cosas, sólo nos falta sentir que somos incapaces de incrementar nuestra productividad de manera “normal”.

El estado del flujo

¿Has oído hablar de él? Es el estado mental/emocional al que entras después de unos veinte minutos de trabajar en algo. Ahí es donde ocurre la magia: parece que los miedos desaparecen, todo tu ser está concentrado y enfocado, la energía fluye y eres capaz de hacer grandes avances.

El tiempo que puedas permanecer en el estado del flujo depende tanto de la actividad que estés realizando como de factores externos: interrupciones, llamadas, consultar redes sociales, multitarea, incomodidad física (hambre, frío, calor…). Es por algo que se desaconseja el multitasking si necesitas alcanzar altos niveles de productividad y eficacia en algo.

Hay un aspecto del estado del flujo que nos afecta especialmente a las personas multipotenciales: necesitamos trabajar con la energía que está fluyendo en ese momento en concreto. ¿A qué me refiero? Piensa en alguna vez que te has obligado a hacer algo que no te salía: ¿no sentiste resistencia casi física, una rebelión interior que te empujaba a hacer cualquier cosa menos lo que estaba agendado? Pues eso: cuando sintonizas con la energía que tienes en ese momento, las cosas fluyen con facilidad, no te cuesta entrar en ese estado de intenso foco y ser muy productiv@.

Fluctuación de la energía

Al ser multipotenciales tenemos que prestar mucha atención a la actividad con la que estamos en sintonía y darle prioridad sobre lo que esté en nuestra agenda. Podríamos llamarlo procrastinación productiva, ¿a que mola? Si comienzas a observar las fluctuaciones en tus ganas de dedicarte a una u otra actividad, descubrirás ciertos patrones que pueden estar relacionados con los patrones de tus necesidades (pues igual que te entra hambre cada cuatro horas), con tu ciclo menstrual si eres mujer menstruante, con la hora del día, con tu estado emocional, etc.

¿Por qué es importante priorizar la actividad que está en flujo? En primer lugar, porque es en esa actividad en la que puedes ser muy productiv@ ese día, con lo cual te quitarás muchas tareas de en medio, a la vez que eliminarás la inseguridad. En segundo lugar, porque hay alguna necesidad que pide ser atendida y, como ya hemos visto, si no le prestas atención, no te dejará en paz. Y por último, pero no menos importante, porque es mucho más gozoso trabajar con una energía que fluye a raudales apenas sin esfuerzo.

¿Cómo se agenda la energía?

Hasta que descubras los patrones de la fluctuación de tus energías e intereses, puedes probar lo siguiente: decide el tiempo que vas a dedicar a lo tuyo (digamos que tienes un trabajo “normal” y después decides dedicarle tres horas a tus intereses). Si sientes resistencia a hacer lo que tenías planificado, pregúntate qué actividad preferirías llevar a cabo en su lugar (y no vale fregar los platos, ¿eh?) y dedícate a ella por completo, el tiempo que te dure el estado del flujo. Una vez agotado éste, puedes dar por terminado el trabajo o intentar hacer la actividad que tenías programada: puede ocurrir que al haber atendido la necesidad más urgente, esta te deje trabajar en paz.

Es muy importante que apuntes en tu agenda esos “cambios de planes” y que no te frustres. Permítete atender lo que te está pidiendo salida: no sólo verás cómo no te cuesta nada hacer esa actividad, sino que te sentirás bien porque habrás colmado una necesidad. Si aprendes a manejar esta procrastinación productiva, verás que al cabo de la semana o el mes habrás hecho todo lo que te habías propuesto, solo que en otro orden.

¡Hasta pronto!

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No todos los que vagan están perdidos

Esta frase de J.R. Tolkien me resuena en la cabeza los últimos días. Y es que he tenido la rutinaria conversación con un familiar muy apenado por verme “tan perdida”, incapaz de “sentar cabeza” y de “encontrar mi camino”.

Este tipo de comentarios me dejan muy triste, sobre todo porque me cuesta mucho explicar cómo estoy a una persona que sé que no me va a entender. ¿Cómo podría? Hubo otros momentos de mi vida, cuando tenía mi empresa por ejemplo, en los que tuve un descanso de este tipo de conversaciones. Todo el mundo, yo incluida, estaba feliz porque yo lo había encontrado, estaba encaminada y con un proyecto vital convincente. Además, tenía novio, vivíamos juntos… parecía que podían relajarse.

Por supuesto, llegó el momento en que aquello dejó de tener sentido para mí y me lancé a una nueva búsqueda, que implicó, para “empeorar” las cosas, dejar Sevilla, la ciudad en la que había vivido los últimos ocho años, mudarme a Lisboa y luego a Madrid.

Y, de nuevo, comenzaron las lamentaciones. Familiares que sufrían por verme “tan perdida”. Y yo estoy TAN harta de esa historia.

Porque, si lo piensas bien, todo se reduce a que ell@s creen que su camino, el de la mayoría, es el correcto. Incluso personas que se olvidaron de sus sueños por hacer lo que otros esperaban de ellas, sienten pena por tu supuesta perdición vital. Sienten pena porque no puedas ser normal, aunque sea un poquito. Se preocupan de si te educaron bien. Se preguntan dónde han fallado.

La respuesta está debajo de sus narices, pero no la ven: y es que, de fallar, lo hacen con cada uno de esos comentarios que te recuerdan que eres un bicho raro. Y si ya es difícil aceptarte tal y como eres y convencerte de que no tienes ningún defecto de fábrica (bueno, todos tenemos alguno, pero no me refiero a eso), estos comentarios te devuelven una y otra vez a la pregunta “¿Qué me pasa?”.

Sentir que decepcionas

¿Recuerdas los chistes que se suelen hacer sobre el hecho de decir a tus padres que vas a estudiar bellas artes (teatro, filosofía, etc.)? Les rompes el corazón: “¡Oh, no!, ¿porqué nos haces esto? ¡Cualquier cosa menos artes! ¡Te vas a morir de hambre!”.

Bueno, pues las criaturas multipotenciales tenemos muchas probabilidades de ser multidecepcionantes para nuestras familias. Y es que queremos ser artistas y cuando ya todo el mundo se ha hecho a la idea, cambiamos a música y después a física cuántica. No, de verdad, nuestras familias no ganan para disgustos.

Por supuesto que no todos lo casos son así ni mucho menos, pero la sensación de no encajar, de tener que justificar tus decisiones o de ser “especial”, es generalizada… y claro que los peores comentarios son los que nos dirigimos a nosotr@s mism@s.

Explicar lo inexplicable

Esta es la parte más difícil. Seguramente siempre has tenido la sensación de que hablas un idioma distinto al de tu familia (a no ser que haya alguna persona multipotencial en ella), pero al ser sólo tú, es imposible validarlo y explicarlo. Y es que son dos formas de ver el mundo distintas: nuestro cerebro funciona de otra manera, nuestros valores están afinados en otra clave, nuestra curiosidad y motivación tienen otros patrones.

¿Cómo puede explicar un@ compositor@ lo que siente al imaginar la música? La necesidad de soledad, de cambio, de búsqueda que es imprescindible para una vida creativa. ¿Cómo explicar el hastío que sientes cuando ya has aprendido lo que querías de una cosa, pero por alguna razón tienes que seguir haciéndola? Es casi físico, puedes sentir tu ser en huelga.

Y, claro, los peores comentarios son los que nos dirigimos a nosotr@s mism@s…

Cómo sé que tú también sientes esa incapacidad de explicar lo que ocurre en tu interior y lo frustrantes que son los comentarios que te instan a cambiar, he imaginado el mundo del revés y he escrito este manual: “Supera la prisión de una sola pasión”.

Espero que te guste y te sirva para empoderarte.

Y ahora, cuéntame tu experiencia con los comentarios de personas cercanas y con la sensación de ser un@ multidecepcionante. ¿O quizás fue todo lo contrario y siempre has encontrado apoyo y comprensión?

¡Hasta pronto!

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Sensibilidad a flor de piel

Hoy está nublado y hace frío, no he dormido muy bien pensando en algo que me dijeron ayer, lo que me da dolor de estómago. En la cafetería me ha atendido una mujer muy apenada por algo y me quedé triste sin saber por qué. En la sala de estudio hace calor y el aire está muy seco, me quito la sudadera y me la vuelvo a poner, la piel de mi cara se siente tensa y reseca. Algo huele mal. Un hombre no para de girar la ruedecita de su ratón desde hace un buen rato. Me estoy irritando.

Las personas con alta sensibilidad entenderán esta descripción, el resto pensará que estoy exagerando. Es muy difícil hacer sentir a las demás personas lo que es vivir con este nivel de sensibilidad, incluso yo, que tengo una madre híper sensible, tardé mucho tiempo en entenderla y en admitir mi propia sensibilidad.

¿Alta sensibilidad?

Hablamos de la Alta Sensibilidad si una persona tiene su sistema nervioso más fino, más desarrollado que la mayoría de la gente. En consecuencia, esa persona recibe relativamente mucha más información sensorial a la vez que alguien con una mediana sensibilidad.

Los estudios corroboran que una de las características de las personas multipotenciales (y las de Altas Capacidades) es la Alta Sensibilidad. ¿Cómo se manifiesta?  Podemos sentirnos como antenas andantes que reaccionan a estímulos que la gente de nuestro alrededor simplemente no perciben como molestos: los ruidos desagradables, un reflejo del sol intenso, los cambios de temperatura (¿no os pasa lo de poner y quitar la calefacción?), la calidad del aire (la sensación de falta de aire es real, sentimos la falta de oxígeno), la emoción de la iluminación (yo siempre he odiado la penumbra), los olores… todo eso nos afecta de verdad, no estamos exagerando.

En más de una ocasión, nuestras reacciones emocionales se manifiestan de manera física y podemos tener malestares difíciles de explicar que no son otra cosa que la somatización emocional.

Sensibilidad emocional

Otro de los aspectos de la alta sensibilidad es una empatía inconsciente e intensa. ¿Nunca te ha pasado que estabas con un grupo de personas que no se conocen muy bien y has empezado a sentirte inquiet@ e incómod@ incluso cuando te sentías bien hace un rato? Eso es porque percibimos las emociones de la gente que nos rodea, pero si no somos conscientes de ello, pensamos que son nuestras y no sabemos muy bien qué nos pasa. A veces basta con alejarte un poco (físicamente) para dejar de sentirte de esa manera. Parece magia.

También tenemos sensores muy finos en cuanto a los cambios más ligeros en el tono de voz, por ejemplo, de nuestra pareja. Percibimos un malestar, algo indefinido, a veces incluso antes de que esa persona lo haya procesado conscientemente. Por eso, puede ocurrir que cuando preguntamos “¿Qué te pasa?”, la respuesta “Nada” sea muy honesta. Tenemos que tener mucho cuidado de no darle rienda suelta a nuestra imaginación y no comenzar a pensar que ese malestar es por o con nosotr@s.

Otro tanto nos pasa con las mentiras: sabemos cuándo alguien está mintiendo, sobre todo cuando hay una incoherencia entre lo que nos dicen y lo que la persona está sintiendo/pensando en realidad. Tal vez no sepamos racionalizarlo, o incluso prefiramos cerrar los ojos ante la evidencia y engañarnos (sobre todo cuando te gusta mucho alguien que no te conviene…), pero en nuestro interior percibimos esa incoherencia y no hay manera de quedarnos en paz.

En casos extremos, puede ocurrir que somaticemos las emociones, las enfermedades y hasta los pensamientos de las personas que tenemos cerca (compañer@s de piso, pareja, familiares…). No me preguntéis cómo ocurre eso porque no soy científica, pero lo he comprobado más de una vez en mi vida y no me ha quedado más remedio que aceptarlo.

La vulnerabilidad

Esta sensibilidad nos hace ser mucho más vulnerables. No sólo reaccionamos muy fuertemente a los estímulos físicos, sino que somos muy sensibles a los comentarios, sobre todo, a cómo son dichos. Es por eso que solemos tener recuerdos muy emocionales de las ocasiones que alguien nos dijo algo (sin pensarlo y sin mala intención) de manera un poco despectiva o desdeñosa. Y también es por eso que toleramos muy mal la violencia, las peleas verbales, los insultos, aunque no vayan dirigidos a nosostr@s y “solo” estemos presenciándolos.

Por supuesto que hay cosas positivas en todo eso. Y es que la vulnerabilidad y la sensibilidad son claves para el autoconocimiento, la creación artística, la reflexión. Solemos sentir atracción por la belleza y la armonía, porque la necesitamos para nuestro bienestar emocional.

Eso sí, es vital que aprendamos a cuidarnos y sepamos cómo autoregularnos, restablecer nuestras energías y protegernos de las influencias nocivas. Y el primer paso es aceptar nuestra vulnerabilidad y aprender a usarla como indicador de lo que nos conviene. Y también dejar de ir de dur@s por la vida, porque es muy probable que nos hagamos daño, nos agotemos e incluso, enfermemos.

Descarga GRATIS mi guía básica Autocuidado para personas multipotenciales: proteger, gestionar y recuperar nuestras energías.

Y tú, ¿qué experiencia tienes con la alta sensibilidad? ¡Te espero en los comentarios!

¡Hasta pronto!

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La razón por la que no terminas lo que empezaste (ni deberías)

La montaña de cosas que empezamos y no terminamos es un auténtico dolor de cabeza (y fuente inagotable de inseguridad y miedos) para muchas personas multipotenciales. Sin tener en cuenta que este suele ser un argumento constante en boca de las personas que creen que somos incapaces de centrarnos, nuestra propia autocrítica puede llegar a niveles de castigo y tortura.

Pero, ¿de verdad no terminamos?

Uno de los motivos más recurrentes para dejar algo es haber obtenido lo que estábamos buscando, es decir, haber cubierto la necesidad que nos impulsó a comenzar una actividad en primer lugar. Ya hablé de los distintos tipos de necesidades que pueden estar detrás de una nueva pasión en este artículo.

Cuando sentimos que ya hemos cubierto la necesidad, seguir profundizando en una actividad es igual de absurdo que seguir comiendo cuando nuestro cerebro nos indica que ya estamos saciadxs. Podemos hasta sentir resistencia física a seguir y obligarnos sólo hará que nos sintamos peor.

Si puedes, deja esa actividad. Suéltala sin ningún miedo: ya ha cumplido su papel en tu vida. O, al menos, deja de aplicarla para satisfacer esa necesidad. Por ejemplo, puede que hayas aprendido a dibujar porque sentías necesidad de hacer un cómic sobre tu abuelo, pero cuando has hecho el borrador del cómic, se te han ido las ganas de seguir. ¿Qué ha pasado aquí? Puede que tu necesidad real era explicarte a ti mism@ tu relación con tu abuelo: por eso, al dibujarla a modo de borrador, cubriste esa necesidad. Punto. Puedes decidir seguir adelante con el proyecto si éste es capaz de cubrir otras necesidades: de profundizar en la habilidad, por ejemplo.

Hay un truco infalible para saber si puedes dar algo por terminado: si ya está cubierta la necesidad que te impulsó a comenzar, sentirás vacío, calma y una resistencia total a seguir adelante con eso. Si no te recriminas a nivel mental, serás capaz de soltar aquello con gratitud y pasar a un nuevo proyecto.

¿Significa esto que nunca vas a terminar lo que empezaste? Para nada. Encuentro que la sola obsesión por terminar algo (porque sientes que has fallado demasiadas veces) es suficiente para que, a la mínima señal de resistencia interior, te digas “Ea, pues ya me ha vuelto a pasar, otra vez voy a dejar una cosa a medias, soy incapaz de enfocarme, bla bla bla”, y abandones con resignación.

Si de verdad has obtenido lo que estabas buscando, deja de preocuparte y pasa a la nueva ocupación sin miedo. Si te estás engañando, si estás evitando la responsabilidad o tienes algún bloqueo provocado por el miedo o la importancia interior o exterior, puedes aplicar este otro truco: las necesidades no cubiertas vuelven una y otra vez y no te dejarán en paz por mucho que empieces cosas nuevas.

Obsérvate, observa tu reacción interior al soltar una ocupación: ¿sientes calma? ¿Te sientes en paz y content@ por haber crecido y aprendido? ¿O más bien hay alguna inquietud y desasosiego?

(Te recomiendo que leas mi artículo “Tú sabes lo que hay que hacer” sobre la certeza interior).

¿Quieres compartir algo sobre tu montaña de cosas sin terminar? ¿Tienes trucos que quieres compartir? ¡Te espero en los comentarios!

¡Hasta pronto!

 

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Para qué haces lo que haces

Una de las mayores preocupaciones de las personas multipotenciales es la cuestión de utilidad de sus distintos intereses. Vivimos en una sociedad obsesionada con la productividad y el utilitarismo: parece que cada paso que damos ha de ser útil, servirnos para algo. ¡Hasta el ocio está cada vez más orientado a hacer cosas en vez de entregarnos a la contemplación o el descanso!

Al tener varias ocupaciones a la vez, podemos encontrarnos con la sensación de estar perdiendo el tiempo si no sabemos explicar(nos) para qué hacemos lo que hacemos. Sí, soy plenamente consciente de que el placer y la motivación reales están en el proceso; sin embargo, hay varios motivos por los que es importante tener claridad sobre lo que nos aporta cada actividad: para aliviar la presión de rentabilizar (monetariamente o no) cada pasión, para aprender a guiarnos por nuestros ciclos creativos y para regenerar nuestras energías.

Motivaciones y necesidades

Detrás de cada actividad que nos apasiona hay un motivo, una necesidad que tenemos que cubrir. Supongo que puede haber muchos tipos de motivaciones, pero yo he identificado estas:

  • Metaconocimiento. Todo lo que se relaciona con el autoconocimiento: entender los procesos de aprendizaje/creación, conocer nuestras emociones y reacciones, estudiar el comportamiento humano, etc. Aquí entrarían todas las horas de lectura que les dedicamos a los libros de psicología, sociología o inteligencia emocional, todos los cursos y talleres sobre esos temas y todos los pensamientos que giran en torno de ellos.
  • Adquisición de habilidades. Aprender a hacer cosas nuevas, así de simple: pintar, crear páginas web, hablar algún idioma, tocar un instrumento, etc.
  • Expresión de emociones: todo lo que nos sirva para canalizar y entender nuestro mundo emocional. Para mí, por ejemplo, eso ocurre pintando, es como una conversación conmigo misma en la que descubro cómo estoy, a la vez que es un medio para curar mis heridas.
  • Relajación mental: actividades mecánicas, manuales o físicas que nos permiten activar la parte del cerebro que suele estar inactiva. De esta manera, tejer, nadar, meditar, caminar, cocinar… nos permite entrar en un estado mental diferente, en el que ocurren las conexiones más inesperadas (creatividad), se ordenan nuestros recuerdos (memoria) y se calman las redes neuronales habituales. (Si te interesa el tema, te recomiendo el libro “El arte y la ciencia de no hacer nada” de Andrew Smart)
  • Autocuidados. Búsqueda de información sobre la alimentación, el uso de las plantas medicinales, cuidado corporal, música, fabricación de jabones o ungüentos caseros, cultivo de alimentos propios, etc. Todo aquello que nos hace restablecer nuestras energías físicas y mentales.
  • Activismo. Como ya apunté en este artículo, muchas personas multipotenciales somos muy sensibles a la injusticia, la violencia y el sufrimiento de los demás seres. Es muy habitual que nos involucremos en círculos políticos o activistas para dar salida a esta sensibilidad.
  • Crecimiento profesional. Todo lo que esté relacionado con hacer mejor nuestro trabajo. Aquí las actividades cambiarán dependiendo de lo que sea tu trabajo en cada momento, pero puede implicar cursos o lecturas sobre marketing, educación, desarrollo software, etc.
  • Comunicación. Todas las actividades que nos ayuden a comunicarnos con el mundo: el arte, la escritura, etc.
  • Imaginar/inventar: al tener una imaginación muy potente, necesitamos darle trabajo constantemente y eso es lo que ocurre cuando “de la nada” estamos inventando un proyecto ne nuestras cabezas.

No sé si me dejo algo, si crees que sí, por favor, deja un comentario abajo.

Ordenando nuestras pasiones

Los tipos de motivaciones que apunté arriba no son exclusivas de personas multipotenciales. De hecho, creo que todo el mundo, en mayor o menor medida, realiza actividades de todos esos tipos.

Ahora bien, hay una razón por la que para las personas multipotenciales es especialmente útil pararse a pensar en ello: y es que, cuando descubrimos algo que nos gusta, solemos meternos hasta las orejas. Además, se nos suele dar bien y tenemos facilidad para imaginar un proyecto profesional (o, al menos, de gran envergadura) desde el minuto cero.

Identificando correctamente la necesidad que impulsó una actividad podemos cubrirla mejor y dejar de buscarle otra utilidad (solemos obsesionarnos con el rollo este de “bueno, ya lo he encontrado, ahora voy a ser jardinera”, cuando lo único que nos pedía el cuerpo era un poco más de vitamina C…).

Para ordenar tus intereses y encontrar qué necesidad los impulsó, creo que lo más fácil es revisar las cosas que YA NO te apasionan y tratar de descubrir en qué momento perdiste tu interés. Como ya vimos, las personas multipotenciales tenemos un concepto muy particular sobre lo que es terminar algo y es encontrar lo que veníamos buscando, sea esto información, inspiración, habilidad o relajación. En cuanto lo conseguimos, parece que no hay ni un poquito de energía que quiera seguir por ahí. Escribe en un papel todas las cosas por las que te apasionaste en el pasado (bueno, quizás no haga falta ponerlas todas) e intenta recordar qué fue que obtuviste que te hizo pasar a otra cosa.

Nada es permanente

Somos personas amantes del cambio, pero, por si acaso, lo voy a precisar: que una actividad concreta cubra una necesidad A en un momento dado, no significa que siempre sea así. A lo mejor sí, a lo mejor no. Por ejemplo, si descubro que la pintura me sirve como medio de expresión emocional, eso no significa que no pueda identificarla con el crecimiento profesional en otro momento. Hay que prestar atención a nuestros ciclos y necesidades cuando comenzamos a sumergirnos en una nueva pasión, pero recordar que ese conocimiento se queda en nuestras cabezas y puede ser usado de mil formas distintas en el futuro.

¡Hasta pronto!

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Los súper poderes de ser multipotencial

En mi último post te hablé con una honestidad brutal, esa misma que intento aplicarme a cada paso. Espero no haberte desanimado. Como compensación y también como recordatorio personal, hoy me apetece escribir sobre el super power de ser multipotencial.

Cuando empecé a crear Alinario, además de pensar mucho en la estructura que tendría que tener para ser coherente conmigo, tuve un momento de subidón sin igual que quiero compartir.

¡Y es que sabía hacer todo lo que necesitaba! Mis estudios en Bellas artes me facilitaron la parte de la estética; mi experiencia creando páginas web hizo que esta la montara en un par de días; el haber tenido una empresa propia y todos los cursos de gestión de empresas y marketing que había hecho me simplificaron mucho la tarea de la planificación estratégica; mi obsesión por mis procesos creativos y psicológicos sumada a mi investigación sobre la multipotencialidad me dieron innumerables temas para el blog; mis conocimientos de comunicación y branding me orientaron en el camino de difusión… y más conocimientos que me van a ayudar a llevar a cabo cosas que os iré contando: aquella vez que me apunté a teatro, todas las manualidades, toda la gente que conocí en mis múltiples aventuras profesionales, mi experiencia con plataformas e-learning y e-commerce y muchos más.

¿Lo mejor de todo? Además de poder empezar ya sin la ayuda de nadie, tengo la absoluta seguridad de que sabré adquirir los conocimientos que me falten más adelante. Me he “reinventado” tantas veces que lo descocnocido no sólo no me asusta sino que me estimula.

Relacionar la información

Entiende que cada cosa está relacionada con todas las cosas

Leonardo da Vinci

Una de las personas multipotenciales más famosas de la histora, Leonardo Da Vinci, nos da otra clave para apreciar el super power de la multipotencialidad: las relaciones entre áreas/intereses/departamentos/teorías. Al tener muchas inquietudes y conocimientos muy dispares entre sí, somos algo así como un banco de información andante, donde pueden ocurrir conexiones novedosas entre campos aparentemente lejanos.

Además, si aprendemos a usar este poder, podemos llegar a ser empleadxs/comapñerxs muy respetados por su empatía: si sabes de diseño gráfico, de fotografía, de gestión de empresas, de atención al público y de community management y trabajas como gestor de proyectos en una empresa, sabrás exactamente cómo es el trabajo de tus compañerxs, lo que necesitan, cuál es la mejor manera de organización. Lo sabrás porque tú has estado allí. Eso sí, ten cuidado con aquello de “déjalo que ya lo hago yo” 😉

El conocimiento es oro

Vivimos en una era en la que el conocimiento es poder y las personas están más que nunca interesadas en seguir creciendo, aprender cosas nuevas, y tener nuevas experiencias. Muchos estudios afirman que, más que comprar productos, buscamos adquirir vivencias, experimentar emociones nuevas. ¿Y sabes qué? Qué como multipotencial tienes un gran caudal de conocimientos que puedes combinar de forma novedosa y ofrecer al público la oportunidad de adquirir un saber de una manera totalmente inesperada.

¿Eres bailarina y haces ropa para baile? Podrías hacer talleres de diseño de ropa en la que se estudiaran los movimientos de baile para entender las necesidades de los trajes. ¿Eres un programador que escala y estudia shiatsu? ¿Qué tal crear una app que muestre los puntos clave de shiatsu aplicados a los traumas más comunes que sufren los deportistas en distintas disciplinas? ¿Te gusta pintar y eres profesora de canto? Podrías crear clases de canto en la que el alumnado aprenda a relacionar los tonos de voz con tonos de colores para desarrollar más amplitud vocal.

Sólo son ideas sueltas, pero seguro que ves por dónde voy. Ah, y todos son ejemplos de personas reales que conozco y que tienen esas aptitudes.

¡Es interesante!

La felicidad constante es la curiosidad

Alice Munro

Por último, aunque no menos importante, está el placer y la dicha de la permanente curiosidad. Es como enamorarte una y otra vez, descubrir los secretos del mundo, ir a donde nadie ha ido, conectar puntos que parecían imposibles de acercar. Sumergirte en algo en cuerpo y alma, olvidándote del tiempo y del mundo entero. Sentir tu mente abrirse a nuevas posibilidades.

Tal vez no tengas tiempo vital para llevar a cabo todas las ideas que rondan tu mente, pero… ¡y lo interesante que es vivir en tu cabeza!

Antes de que te vayas te comento que la semana que viene hablaremos de los comentarios tan frustrantes que solemos recibir y también de las distintas motivaciones que hay detrás de cada interés. Suscríbete a mi boletín para no perderte nada (en la columna de la derecha encontrarás el formulario).

¡Buen fin de semana!

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No, esto no va a cambiar

Sé que tienes esa ilusión, sé que hay una parte tuya que cree en aquello de “Tan sólo necesitas encontrar ESO”, si sólo pudieras enfocarte en una sola cosa, si pudieras conformarte…

También sé que hay una pequeña voz en tu interior que empieza a dudar de aquello. Seguramente no es la primera ni la segunda vez que encuentras algo que te apasiona y piensas “¡Esto es! Ya lo he encontrado”, pero pasa un tiempo y encuentras otra cosa que te interesa más. Y vuelta a empezar. Y con cada nuevo interés te sientes menos segur@: total, esto también pasará.

Pues bien, ¿sabes qué?, sí, esto también pasará. Esto que ahora es la pasión de tu vida, a lo que te has sumergido en cuerpo y alma, un día perderá su brillo y una nueva pasión tomará su lugar.

¿Y qué?

¿No crees que ya es hora de aceptarlo? Si sigues aferrándote al cuento de encontrar La pasión de tu vida hay muchas probabilidades de que suceda alguna de estas cosas:

  • Terminarás sin energía, frustrad@, amargad@ y nunca serás capaz de salir del círculo que te obliga a empezar una y otra vez desde cero (o al menos no aprenderás a manejarte en él y verlo como una ventaja).
  • Te rendirás, te agarrarás a un trabajo estable y relegarás tus pasiones al lugar de hobbies (“Total, si no es La pasión, ¿para qué?”).
  • Seguirás justificándote ante cualquiera que no te entienda y te pregunte cuándo vas a sentar cabeza.

Claro que eres libre de hacer lo que te parezca, pero a mí me hierve la sangre cada vez que veo a una persona con muchos talentos y aptitudes bajar las manos, rendirse, aceptar su supuesta anormalidad y resignarse a una vida ordinaria.

Deja de engañarte

Si te sientes indentificad@ con lo que escribo aquí, seguramente ya has pasado muchas veces el proceso de “¡Esto es! – Bueno, quizás no – ¡Esto sí que es! – No… ahora hay una cosa nueva – Esto podría ser… pero a lo mejor pasa como la última vez – ¿Qué me pasa? – Bah, ya estoy con una cosa nueva – ¿Qué me pasa?”… lo pillas, ¿verdad?

Entonces, deja de engañarte y acepta que todas las pasiones en tu vida fueron Las Pasiones de tu Vida. Piensa en todo lo que has aprendido y seguirás aprendiendo, en todas las experiencias que has vivido, en ese cosquilleo en las palmas de las manos cuando encuentras un nuevo interés.

Entiende que el camino de los especialistas, dominante en este mundo, no te sirve y que los consejos que te dan las personas que no te entienden se parecen mucho a lo que podría aconsejar un persona diestra a una zurda: “Escribir con la derecha es la forma correcta, así serías feliz, si sólo te esforzaras un poquito”. ¿Suena absurdo? Pues es exactamente así.

Tú decides

Suena pomposo e idealista, pero es la única manera de salirte de ese ciclo: decide aceptarte y comenzar a construir una vida coherente con tu forma de ser. Busca información, lee, presta atención a las personas de tu alrededor que se excusan por no ser capaces de enfocarse en una sola cosa: puede serte de ayuda compartir con ellas tu experiencia. Obsérvate con atención y sin juzgarte, trata de descubrir tus ciclos, tus motivaciones interiores, tus ritmos y tus necesidades. Quédate en este blog, donde seguiré contándote lo que he ido aprendiendo por el camino 😉

Recuerda que eres un ser humano dotado de inmensas capacidades y que tienes derecho a ser feliz, a ser tú mism@.

¡Hasta pronto!

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¿Qué es eso de la multipotencialidad?

El término “multipotencialidad” se usa en la biología para referirse a las células madre que pueden “especializarse” en más de un tejido del cuerpo. De manera similar, las personas multipotenciales son aquellas que tienes múltiples intereses (simultáneamente o por turnos), que tienen facilidad de aprender cosas nuevas, que se mueven por motivación interior activada por la curiosidad y sufren de incomprensión general en este mundo de especialistas.

Aunque el término es nuevo, así como el estudio de la multipotencialidad, la mentalidad especialista tampoco es que sea anciana. Por ejemplo, en el Renacimiento, la multipotencialidad era el ideal del ser humano (recuerda a Leonardo da Vinci) y se entendía como el mejor camino para alcanzar un conocimiento completo y profundo del mundo. Además, si bien siempre ha habido personas que se especializaban en alguna tarea, no nos olvidemos que la educación superior, con sus másteres, doctorados y tesis, es muy reciente. El camino que se sigue (de manera resumida y con humor) es el siguiente: hago bachillerato de humanidades, estudio filología inglesa, me especializo en el teatro inglés, hago un postgrado en la literatura de Shakespeare, y finalmente una tesis sobre los diálogos entre Romeo y Julieta. Ea, pues ya soy especialista.

Pero a muchas personas el solo pensamiento sobre la especialización nos da taquicardia: ¿Elegir una sola cosa con todas las que me interesan? ¿Y luego qué? ¿Quedarme para siempre allí? Y como el sistema educativo no nos ofrece muchas alternativas, hay muchas posibilidades de que terminemos desempeñando funciones muy por debajo de nuestras capacidades.

Características

Entre las distintas características que pueden tener las personas multipotenciales (como entenderéis, es difícil generalizar) podemos destacar las siguientes:

  • Múltiples intereses. Evidentemente. Pueden surgir simultáneamente o por turnos, o una mezcla de ambas formas.
  • Motivación activada por la curiosidad. Cuando algo llama nuestra atención, queremos saberlo todo: leemos, estudiamos, practicamos… nos metemos en cuerpo y alma hasta que obtenemos lo que queríamos, lo que nos lleva al siguiente punto:
  • Muchas cosas empezadas y pocas terminadas (aparentemente). Como nuestra motivación es el conocimiento, muchas veces perdemos el interés antes de terminar algo. Eso es bastante difícil de explicar en un mundo obsesionado por la productividad y la utilidad, pero la verdad es que, a nuestra manera, sí que terminamos lo que empezamos. De hecho, no paramos hasta que no obtenemos lo que vinimos buscando; lo que pasa es que eso no siempre coincide con el concepto general de “terminar”.
  • Alta sensibilidad. Sensibilidad a los ruidos, a los cambios de temperatura, a las emociones de otras personas, a la injusticia, a los tonos de voz desagradables… Tenemos que aprender a auto cuidarnos.
  • Imaginación vigorosa. Cualquier cosa puede hacer saltar nuestra mente, cualquier conversación nos puede estimular hasta el punto de no poder dormir con todas las ideas que se nos vienen a la cabeza. Es muy importante que aprendamos a manejar toda esa energía, para lo cual tenemos que ir buscando e inventando herramientas ya que no nos han sido dadas.
  • Verborrea. Sí, hablamos mucho y más de una vez nos han dicho eso de “hablas por los codos”. Pero ¿sabéis qué?, resulta que es nuestra manera de sacarle sentido a todos los procesos mentales que están ocurriendo en nuestras cabezas. Aprendamos a escuchar también, pero dejemos de disculparnos por hablar demasiado.
  • Metaconocimiento o conocimiento sobre conocimiento. Normalmente prestamos mucha atención a nuestros procesos internos, sabemos mucho acerca de cómo aprendemos y tenemos una opinión muy particular sobre los sistemas educativos convencionales (generalmente no muy positiva). No es de extrañar que seamos autodidactas, que trabajemos de aprendices o que asistamos de oyentes a distintas clases.
  • Inseguridad. Una de las consecuencias de vivir en un mundo de especialistas es la constante sensación de que nadie nos comprende, de que no encajamos, de que decepcionamos a las personas que queremos. También está aquello de “Aprendiz de todo, maestr@ de nada” que no ayuda, la verdad. Muchas veces nos cuesta valorar nuestros talentos y habilidades, incluso cuando hemos conseguido muchas cosas.

En los próximos artículos iré hablando de estas y otras características de las personas  multipotenciales, recuerda suscribirte para no perderte nada (en la columna de la derecha encontrarás el formulario).

Retos

Como ya he dicho, vivimos en un mundo de especialistas (con todo mi cariño para ellas y ellos), por lo que no nos enseñan cómo manejarnos entre tantos intereses y aptitudes. Durante la etapa escolar nos sentimos bien, hasta podemos destacar por nuestras buenas notas en casi todo. Sin embargo, cuando tenemos que elegir los estudios posteriores, nos encontramos en una encrucijada de mil caminos.

En primer lugar, normalmente no tenemos ni idea de que exista algo llamado multipotencialidad: simplemente sentimos que hay algo que está mal hecho en nosotr@s, lo que nos puede llevar a aislarnos, a reprimir muchas habilidades, a cambiar de estudios y de profesión repetidas veces, etc. Así que el primer reto es conocer cómo funcionamos.

La mayoría de las veces, aunque estemos dedicándonos a una carrera específica, no podemos olvidarnos de las otras pasiones y corremos el riesgo de quemarnos, de agotarnos física y mentalmente. Los métodos de gestión del tiempo y de la productividad habituales no nos sirven, porque están enfocados en gestionar una sola actividad; por eso, el segundo reto es aprender a gestionar nuestro tiempo y nuestros ciclos.

Al ser personas muy sensibles, con una imaginación muy viva y con una carga de incomprensión añadida, el tercer reto es aprender a cuidarnos de las influencias exteriores, de los pensamientos demasiado autocríticos y del auto sabotaje.

También iré hablando de cada uno de estos retos y de las herramientas concretas que pueden sernos útiles en los próximos artículos y en los talleres.

¿Te sientes identificad@? ¿Quieres añadir algo? ¡Te espero en los comentarios abajo!

¡Hasta pronto!

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